Santander no renuncia a sus ideales, pero siente que le soltaron las manos

DESTACADOS 14/09/2016 Por
Como ante Tevez, un año atrás, volvió a sacudir el ambiente con un testimonio tan dramático, como crudo y emotivo. En Facebook dijo sentirse enfermo y viejo, y que muchos le reprochan su pedido de auxilio para tratar algunos males que machacan su cuerpo. Utilizando un ardid discursivo, hizo notar que está sólo dentro del ambiente político, aunque se muestra extremadamente agradecido con su padre y su familia. Piensa en una actividad privada para salirse del Estado y su entorno.
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El asesor de la Jefatura de Gabinete de Ministros del Gobierno provincial, Jorge Santander, no se guardó nada al exteriorizar su malestar porque no se pensó en él para conducir la Subsecretaría de Comunicación Social y, sin dar el mínimo detalle sobre esa mirada, admitió que ya no tiene el respaldo de antes.
Trascendió los límites provinciales cuando refutó a Carlos Tevez. En agosto del año pasado, el futbolista vino a jugar a Formosa y al regresar fue entrevistado por Alejandro Fantino. “La gente se caga de hambre”, resumió. El funcionario formoseño reaccionó muy duro: “Villerito europeizado” e “hijo de mil puta”, atacó.
Fue director de Cultura provincial y un lúcido constructor de ideas costumbristas y protector empedernido del legado peronista. Su presencia en actos institucionales, utilizando el micrófono para arrancar sonrisas, aplausos y el reconocimiento generalizado a una persona destacada por su bonhomía y franqueza, era frecuente.
La semana pasada, Sérgio Recalde reemplazo a Rubén Duarte en el área de comunicación oficial del Gobierno provincial. “Al igual que varios, Santander solía auto-postularse para el cargo; pero íntimamente siempre supimos que eran arranques de alarde para posicionarse entre los compañeros”, sostuvo un funcionario que asegura conocerlo desde siempre.
“Viejo y dolobu”, tituló un extenso texto en su cuenta de Facebook.
“Muy cerca de los 60 años en mi edad humana, enfermo, cansado, usado, amado, odiado, y como siempre, con muy poco en el bolsillo; empiezo a repensar algunos complementos de mi vida. Y entre los tantos cuestionamientos que puedo plantearme, se me presentan los ejemplos que me lego mi viejo, y que tal como lo vivió, con pasión y valentía, murió sin tener el mango para pagar el cajón. Pero fue un fenómeno de honradez, bonhomía, ejemplo de amistad y lealtad a sus creencias e ideologías. El día que estuvo en el féretro fueron algunos elegidos de la vida, en sus autos perfumados, a alabar su gran patriotismo, su lucha de décadas por la libertad y la felicidad de su pueblo… se tomaron un café y se fueron. Y esa salida de escena de los hipócritas me produjo una gran paz, porque no soportaba tanta ficción y lo prefería nuestro, de sus amores en ese momento físico final”, describió, al vincular su orgulloso pasado familiar repleto de valores con el de su entorno político, al que define con adjetivos peyorativos
“Al igual que Él, no tengo ningún título académico, no transité los pasillos sagrados de las altas casas de estudio del país y menos del mundo, soy un “arandú ka’aty”, (del guaraní: sabiduría natural; inteligencia sin cultivo) empírico dicen los que saben. Tengo la certeza de no haber cagado a nadie, he tendido mi mano cuando estuve cerca de alguien caído, he compartido el mango que conseguía changando cuando era desocupado. He amado y amo a mis hijos y los eduque como creí que debía ser a mi modo y usanza”, amplió.
“Lastimosamente les estoy heredando lo mismo que me dejó mi viejo: solamente esperanzas…Gracias a Dios tengo conmigo la otra mitad de mí ser que me aguantó y me aguanta aun hoy en mi inutilidad, mi querida morena Alicia”, admitió, valorando la presencia de su mujer, con la que se casó en 1984.
Sobre cómo se define, tuvo consideraciones concretas. “Tengo mis certezas; las que se deducen, porque no tengo capacidad de análisis, soy peronista. No sé si de Perón, pero sigo tratando de entenderlo, de encaminarme hacia dónde camina la historia del pueblo. No hago mucho en la política, tampoco es fácil; no tengo banca y la calle demanda. De ultima tampoco soy muy requerido por nadie. A veces escribo pensamientos que suenan lindo y que son más bien deseos que realidades, y a veces quiero creer que soy capaz de defender una posición y termino en la picota de opositores, compañeros, cuasi amigos y parientes; amenazado y condenado. Lo peor es que arrastré a toda mi familia en la caída”.
Aprovechó la marcha, además, para dejar un claro índice de lo que notó en la función pública. “He caminado con mis certezas, y a veces lo he hecho persiguiendo, como el burro, alguna zanahoria. Pero como soy lerdo nunca agarré la tortuga, siempre se me escaparon y al igual, las zanahorias lo comieron otros más capaces; elegidos”.
Enseguida hizo una revelación estremecedora. “Estoy cansado. Me falta una intervención quirúrgica para ver un poco más. Recuperar algo de mi vista. Y allí veré que hacer. No quiero convertirme en carga. Ni para mi familia y menos para el Estado o los compañeros. Ya me lo han hecho notar y me dolería volver a escucharlo. La realidad es que mi diabetes va ganando la batalla y eso debo enfrentarlo antes de convertirme en un pusilánime, o peor, en un invalido parásito”.
Al final, Santander termina por confesar los efectos emocionales a los que fue empujado tras tantos años dentro del círculo político más encumbrado del Gobierno provincial. “Trataré con los medios que tengo de generar una actividad privada y me quiero retirar de la dependencia del Estado. Seguiré siendo un zonzo, un bohemio, en síntesis un boludo… encima, ahora estoy viejo…”.

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