Más de 400 mil jóvenes del NEA peregrinaron para venerar a la Virgen de Itatí

REGIONALES 19/09/2016 Por
Son de las provincias de Corrientes, Formosa, Chaco y Misiones y caminaron el sábado 17, en el marco de la 37 peregrinación juvenil. La misa fue celebrada por varios obispos de la región, y los peregrinos leyeron un manifiesto que se centra en la misericordia, destaca el amor, la reconciliación, y “la necesidad de fortalecer la cultura del diálogo y del encuentro”.
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Como cada año, los jóvenes de la región NEA peregrinaron a Itatí, donde participaron de la misa en honor de la Virgen morena. En esta edición, la convocatoria superó la de los años anteriores. Tras una caminata de más de 15 horas, más de 400 mil jóvenes unieron los 70 kilómetros que separan la capital de Corrientes del pueblo de Itatí, donde participaron de la misa. La homilía estuvo a cargo de monseñor Adolfo Canecín, obispo de Goya, quien animó al compromiso con el futuro desde la misericordia, e hizo hincapié en el bicentenario de la independencia de la patria, pidiendo orar “para agradecer esta gesta histórica”.
La celebración religiosa contó con la presencia de once obispos de la región: monseñores Juan Rubén Martínez (Posadas), Hugo Norberto Santiago (Santo Tomé), Ángel José Macín (Reconquista), José Vicente Conejero (Formosa), Adolfo Ramón Canecín (Goya), Ramón Alfredo Dus (Resistencia), Damián Vitar (Oberá) y Hugo Nicolás Barbaro (San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña). También acompañaron el obispo auxiliar de San Roque, monseñor Gustavo Montini; y el rector de la basílica, padre Omar Cadenini FDP.
Canecín, comenzó su homilía citando la letra de un chamamé del padre Julián Zini: “Que linda es la gente que tiene memoria, porque seguro también tiene esperanza. Qué lindo este pueblo que tiene su historia, se junta y celebra junto a sus hijos” y señaló que la 37 Peregrinación Juvenil del NEA se desarrolla en el contexto del Bicentenario de la Independencia de la Patria. “Por eso –dijo- es lindo que hagamos de este momento, también una fiesta histórica para agradecer por todo lo que hemos recibido y también para aprender de la historia”.
Indicó que para transitar el camino del bien común es necesario imitar las acciones de los congresales que declararon la Independencia del país hace 200 años atrás, pero además ejercitar a diario tanto obras espirituales como corporales. “Porque la fe se debe manifestar en la vida”, subrayó.
Asimismo expresó que “ésta es una ocasión muy linda para rezar juntos por nuestra Patria, agradeciendo por la independencia que nos entregaron pero también pedir para poder tener la capacidad necesaria para trabajar en el presente, de cara al futuro”.
El obispo consideró que “puede ayudarnos mucho el ejemplo y la rectitud de los congresales de Tucumán, quienes invocando las luces del Espíritu Santo, se reunieron a debatir y discernir” y señaló la necesidad de que los argentinos puedan hoy, realizar esa misma invocación para que, “tal como sucedió hace dos siglos, se superen las distancias geográficas, culturales e ideológicas”.
“Qué lindo que juntos oremos para que las luces del Espíritu Santo nos ayuden a todos los argentinos en este momento de nuestra historia a imitar ese gesto. Dejar de lado las actitudes personales y sectoriales para buscar el bien común”, reiteró. En este punto recordó el pacto interreligioso que el 17 de agosto fue firmado en Yapeyú por los líderes de diferentes credos y autoridades de diferentes estamentos del Estado.
En otro párrafo de su mensaje recordó que comenzó siendo una caminata de los fieles de Resistencia y Corrientes pero desde ese año comenzó a ser una expresión de fe regional. Precisamente, el obispo de Formosa monseñor Conejero, Canecín, otros sacerdotes y fieles fueron protagonistas de la primera edición de la peregrinación.
“Era ofrecer una propuesta diferente para la primavera, para el mes del estudiante, era una oportunidad para rezar para que tuviéramos un seminario en la región -que luego se concretó- rezar por las vocaciones y quizás fruto de eso hubo un enorme auge vocacional en esos años”, destacó Canecín.
“Al año siguiente –recordó el obispo de Goya- caminé por segunda vez pidiéndole a la Virgen que me diera la gracia de discernir y de tener el coraje para optar qué hacer de mi vida” y añadió: “Cuando volví a Formosa ya sabía qué iba a hacer. “Hablé con el padre José, encargado vocacional en ese momento y dejando trabajo, familia, la novia que tenía desde hace tres años, ingresé al Seminario”, contó el prelado, aclarando que contó esta experiencia personal para dar testimonio y que esto pueda servir a los jóvenes. “Que al caminar hacia aquí se pregunten, se planteen: ¿Señor que me diste la vida que querés que haga con ella?; ¿dónde querés que te sirva?”
Seguidamente el prelado se refirió al lema de la Peregrinación: “Con María caminamos hacia la misericordia del Padre”. Haciendo hincapié en que “no estamos ociosos, no estamos estáticos”. A diferencia de “tanta gente que no camina. Cuánta gente que está tirando la toalla, que se siente derrotada”.
Alertó que hay quienes sí caminan, pero lo hacen sin saber a dónde van, mientras que “otros caminan, trotan o corren detrás de los ídolos” como ser el dinero, el poder, el placer “y también de las adicciones”.
Considerando las consecuencias negativas de ese último flagelo, el obispo destacó el trabajo que está realizando la Pastoral de las Adicciones del NEA que durante la peregrinación repartió folletos a favor de la vida.
“Qué lindo que nosotros -habiendo tantas formas de caminar- optemos por hacerlo con María y lo hagamos hacia la misericordia de Dios”, subrayó. Asimismo, reiteró; “Con María caminamos hacia la misericordia del Padre. Él tiene respuestas a todos los interrogantes que puede tener el ser humano”. Por eso instó: “Hermanos, que ninguno vuelva a su casa sin haber escuchado la respuesta que el Padre tiene para la pregunta más profunda de nuestro corazón”.
Finalmente reiteró la necesidad de ser misericordiosos. “Nosotros como Iglesia tenemos el hermoso deber, siendo discípulos misioneros de la misericordia, de mostrar el rostro y el corazón del Padre”, expresó.
Y concluyó su homilía proponiendo a los jóvenes realizar “al menos una obra corporal y otra espiritual por día”, ya que “con una por día vamos a terminar aprendiendo el estilo de Dios. Vamos a aprender el modo de ser de Dios” y vamos a vivir la misericordia “con los gestos, no sólo con las palabras porque la fe se debe vivir, manifestar en la vida”.

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