Ataca los efectos del narcotráfico, pero se mantiene indiferente ante la arremetida de la endemia

DESTACADOS 23/10/2016 Por
Gildo Insfran acaba de anunciar la habilitación nuevos centros asistenciales sobre adicciones, en una clara reacción que busca recuperar parte del rédito político que perdiera en las últimas semanas cuando una sobrina pasó a formar parte del ejército de allegados vinculados con el mundo de las drogas en Formosa.
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El Gobierno provincial dijo que proyecta un total de 14 establecimientos en todo el territorio, además de una comunidad terapéutica de tercer nivel en Villafañe. “Todo ello enmarcado en la creación del Instituto de Investigación, Asistencia y Prevención de las Adicciones (IAPA), a fin de multiplicar los recursos para hacer frente a una de las más preocupantes problemática sociales instalada en el mundo: la drogodependencia”, justificó, en un comunicado el vocero oficial.
Sin embargo, en una arremetida discursiva que, cuanto menos, parece contradictoria, el propio director de asistencia del IAPA, Ramón Rolón consideró que “la inversión más redituable es siempre la que se hace en la prevención”. Empero, hace pocas horas, el gobernador Insfran defendió su política contra el narcotráfico, al despojarse de toda responsabilidad operativa contra el flagelo cargándola sobre los hombros del Gobierno nacional. Entonces, si no admite ninguna responsabilidad para evitar el narcotráfico, ¿cómo puede hacer hincapié en una política de prevención?
La decisión de Insfran blanquea una realidad brutal, dramática y angustiosa que afecta a miles de familias formoseñas; hasta entonces el gobernador y sus funcionarios se la pasaron negando el escenario de las adicciones y la profundidad con que el narcotráfico se metió en la sociedad aldeana.
En todo este tiempo, el gobernador pareció privilegiar la mentira para proteger a funcionarios vinculados con la droga, mientras un número altísimo de jóvenes formoseños se dedicaba a robar para reunir el dinero que se necesita para comprar la pastilla, el porro, el pastito, la pasta o la jeringuilla.
En los últimos días, la realidad terminó por devastar la capacidad de engaño del funcionario. Y aunque apeló a los enemigos de siempre y construyó nuevos discursos para adjudicarlos en el intento de menguar el enorme nivel de críticas, la reacción social viralizada en las redes sociales y fuertemente acuñadas a través de medios tradicionales, no le sirven para quitarse la ropa de protagonista.

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