Insfran busca alinearse con conductas políticas que siempre dijo rechazar

DESTACADOS 15/01/2017 Por
Sus nuevas figuras son un claro prototipo de la derecha más recalcitrante de la derecha ortodoxa que pueda verse en Formosa: muchas calzan zapatos charolados, acordonados y valuados en miles de pesos; visten ambos siempre al tono con camisas extranjeras. Mantienen un discurso tranquilo y conciliador, propio de quien no necesita pensar en la olla mientras invierte su tiempo en la función pública y partidaria.
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Edgar Pérez parece como en otra escena, mientras Ramiro Fedrnández Patri habla animadamente con alguien fuera del cuadro. Son los "macristas" del FpV.

Edgar Pérez y Ramiro Fernández Patria constituyen la cúspide del nuevo escenario montado por Gildo Insfran para mantenerse en el camino político que necesita en los nuevos tiempos para conservar el manejo del poder político.
Ninguno representa al barrio ni a su gente; tampoco al tradicional puntero peronista aplaudido en los actos por la militancia, la entrega y la pasión partidaria.
Hace muchos años, Insfran eliminó las unidades básicas y desarmó a los organismos institucionales con representación colegiada, dando una contundente muestra de que todo debe pasar, exclusivamente, por sus decisiones. Desde entonces, sólo existe en Formosa lo que el gobernador autoriza; y también lo que no permite, porque lo que no hay tiene una razón concreta que lo justifica, como la ausencia de industrias y el despegue privado sin autorización oficial, entre muchos otros ejemplos. Del mismo que la sumisión de los legisladores y los intendentes del PJ. De los miembros de su gabinete, no falta hace incluir en la lista de aduladores.
Cada uno de ellos tiene un rol claramente definido, como pequeños y tontos autómatas programados para una determinada actividad. Se incluye un protocolo que rechaza la exposición exagerada de bienes y la vida libre basada en lo amoral y la delincuencia, aunque en los últimos años, muchos no pudieron evitar el cumplimiento de las reglas, sobre todo quienes quedaron pegados al narcotráfico, al enriquecimiento ilícito y a la corrupción.
Entre el administrador del IAS y el ministro de Turismo, han dado claras muestras de estar afuera del rito; no por algunas trapisondas al margen de la ley, sino por todo lo demás: sus maneras nada tienen que ver con toda la solemnidad que exige el jefe partidario.
Entonces sólo queda un razonamiento: la exposición de ambos responde a un déjalos ser cuyo objetivo no es otro que la necesidad de adecuarse al nuevo escenario, donde la vieja fórmula ya no lo convence.
Edgar Pérez y Ramiro nada tienen que ver con lo popular y nacional; como un ordenamiento de cuna, abrazan una naturaleza vinculada con la vida fácil y repleta de derroches, aunque son reconocidas, en ambos, la capacidad y compromiso de trabajo.
Pero al momento del discurso y de los trapos de ocasión, surgen las distancias entre quienes se dicen peronistas y aquellos que esos mismos peronistas rechazan con agresividad y pasión: los de derecha, los oligarcas, los anti-pueblos, los gorilas, entre otros tantos apelativos utilizados, sólo para agrupar a quienes no representan los mismos intereses.
Los enunciados del potencial candidato a concejal de la ciudad por el oficialismo gobernante y del postulante a la intendencia capitalina, en 2017 el primero y, en las elecciones de dos años después, el restante, son propios de muchos de los hombres que integran el gabinete presidencial de Mauricio Macri: lenguaje rico, rápido y claro; gestos coherentes con el discurso y propuestas tan conciliadoras como necesarias resulte el objetivo que se persigue. Los adjetivos que agreden y la idea de una grieta no forman parte del material lingüístico
¡Onda Cambiemos¡
Son los nuevos oficiales del ejército político de Gildo Insfran. Papacito Cabrera, Eber Solis o Agustín Samaniego, forman parte del pasado reciente, que será enviado al merecido descanso en los próximos meses.
La camisa suelta, arremangada, colorida, debajo de los jeans o la fina gabardina que con que fue confeccionado el pantalón, forma parte de un atuendo que nada tiene que ver con el peronista de la lucha. Del mismo modo que los finos zapatos que amenizan con cintos adquiridos en las mismas tiendas que ofrecen los carísimos calzados.
Edgar Pérez y Ramiro Fernández vienen andando, Insfran les permite no salirse de la naturaleza porque está alineado a los nuevos tiempos. Pero, enfrente, observan sus viejos oficiales y, también, aquellos subalternos de la primera hora, cuyos rostros lucen rojos de bronca y vergüenza.
Podrá esta vez armonizar los intereses, para que las tropas no se separen y se mantengan fieles a los ideales que, como siempre, sólo persigue un solo objetivo: la continuidad de una administración que nutre a unos pocos, reparte migajas en la mayoría y debe enfrentarse a un nuevo y distinto enemigo que quiere exactamente lo mismo.

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