NIÑOS Y ADOLESCENTES ABORÍGENES YA SON ADICTOS A LAS DROGAS Y AL ALCOHOL EN EL OESTE FORMOSEÑO

DESTACADOS 22/04/2017
Acusan a la indiferencia y, en algunos casos, a la connivencia de determinados sectores oficiales. Plantean que el cuadro terminará propagándose en todas las comunidades indígenas si no se atacan ahora mismo los orígenes de la conducta. Denuncian un tráfico permanente de “paquetes” desde el Pilcomayo hacia el Bermejo.
Las imágen muestra a la indígena con los ojos perdidos mientras dialoga con otro natural atravesado por los efectos del alcohol y la droga.

En Argentina, el problema del tráfico de drogas se ha mostrado como un fenómeno en rápida expansión, sobre todo en nuestra provincia, conexa con Paraguay, principalmente porque existe una enorme franja fronteriza que escapa al control de las autoridades. Sobre la extensa ruta nacional 81, hacia el oeste hay 400 kilómetros tan solo con tres controles de la Gendarmería: Pirané, Pozo del Tigre e Ingeniero Juárez.
Según los últimos datos de Unicef, del NEA, Formosa es la de mayor cantidad de población indígena juvenil.
En Formosa hay un 7,9% de niños, niñas y adolescentes (NNA) indígenas; de un total de 530,162 mil habitantes, en la provincia hay 41,883 mil niños, niñas y adolescentes indígenas. Esa zona alejada de la capital formoseña, comprendida por los departamentos Patiño, Bermejo y Ramón Lista alberga a la gran mayoría de las comunidades originarias, donde existe una realidad de aislamiento, de pobreza, y de falta de visibilidad del Estado para dar contención. “Es por eso que son el blanco preferido de los narcotraficantes, no solo para usarlos como mulas, sino también para hacerlos adictos al consumo de estupefacientes”, advirtió el abogado y periodista Rubén Amarilla.
Laguna Yema, un pueblito de casi 10.000 habitantes, no escapa a esta realidad. “Tiene tres barrios de comunidades originarias que viven ese contexto de abandono, hambre y desnutrición convirtiéndolos en una presa fácil de los nuevos cárteles de drogas”, aprecia, con solvencia el letrado que dirige una conocida FM y está metido en la dirigencia política, desde un sector, no oficial, del Partido Justicialista der Formosa.
“Por las noches, basta con recorrer estos barrios wichis para ver como jóvenes originarios desde los 13 años en adelante, consumen drogas y alcohol con total naturalidad” como si fuera una moda”, asegura.
“Un dirigente social wichí me decía que nuestros jóvenes hoy se ven volcados a la droga y alcohol porque no tienen contención por parte de las autoridades locales; ni el intendente, ni los concejales se acercan a nosotros, solo lo hacen para las elecciones, y después se olvidan”, graficó.
Para Amarilla, que se explaya con la calma y la solvencia propias de la gente del oeste provincial, “esta situación preocupa a las familias de la comunidad de originarios que necesitan respuestas urgentes”.
“Una fuente cercana al conflicto social me planteó que es normal ver de noche o madrugada como transitan la ruta provincial 37 desde el rio Pilcomayo (Paraguay) hacia el Bermejo (Chaco) en motos enduras de altas cilindradas transportando paquetes”, sorprendió.
“Todos intuimos el contenido de los mismos, y es de esa manera como se va quedando una partecita de esa droga en el pueblo, porque a lo mejor el que la transporta es un joven originario que a cambio de la paga recibe una parte de esa mercancía”, conjeturó. “Esta cruda realidad por la que atraviesan las comunidades originarias contrasta con el relato que pretende minimizar hoy el ministro de Gobierno Jorge González”, dijo al arremeter contra el funcionario que suele responsabilizar al manejo tergiversado que se hace en las redes sociales del asunto.
“Lo que sucede hoy en Ingeniero Juárez fue advertido hace más de 10 años y hoy en Laguna Yema y en todos los pueblos del oeste, si no se actúa a tiempo para contener esta problemática de droga y alcohol en los jóvenes originarios, en unos años va a pasar lo mismo”, advirtió.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          "Es inevitable suponer que hay todo un marco de permisividad de las autoridades, tanto para que se produzca el tránsito de la droga como la comercialización libre de alcohol a los menores", apreció. "De ahí a reflexionar sobre quienes se benefician con un escenario así es como la gravedad: cae por si sólo el resultado", añadió.
“Esta situación social hoy no puede solucionarse con una simple actuación policial labrando un acta y un juez de Paz aplicando una severa sanción; hay una realidad social que tiene un trasfondo más crudo, acá se debe actuar inmediatamente con la elaboración de un plan sostenido en el tiempo, con todas los sectores sociales pero principalmente con el apoyo de las autoridades municipales y del Gobierno provincial”, recomendó.
Poco después de la entrevista con Amarilla, la Policía provincial informaba oficialmente del secuestró de casi 50 kilos de marihuana y de la detención de un hombre durante un procedimiento a pocos metros del río Pilcomayo, en cercanías de María Cristina, en el extremo oeste formoseño. Agregó que la droga fue secuestrada junto a una motocicleta Honda, modelo Storm de 125 cilindradas, como confirmando lo dicho por el abogado de Yema.

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