LA POBREZA, CAJA DE HERRAMIENTAS PARA EL SOMETIMIENTO DE UN PUEBLO

LOCALES 18/07/2015 Por
Ella es identificada como el dolor social a partir del cual la brecha que separa el “relato” kirchnerista de la realidad argentina deja de ser una ridícula incoherencia para convertirse en una tragedia nacional. Sólo en el plano discursivo han aniquilado la miseria: sólo en la palabra oficial, los pobres han quedado reducidos a la nada.
POBREZA
Precariedad y pobreza extrema en el Lote 111 de la capital formoseña.

Lejos de la Casa Rosada, ajenos a los jardines de la quinta de Olivos, vedados de hospedarse en hoteles de El Calafate, los pobres son muchos. Son 11 millones de argentinos. El 28,7% de la población según el Barómetro de la Deuda Social Argentina que elabora la Universidad Católica Argentina.
Entonces el Gobierno argentino se escandaliza. Y niega la pobreza. Porque el oficialismo ni siquiera debate sobre la pobreza. Todo lo que discute es una cifra. Pero que se entienda bien: no rebate “la” cifra, sino que refuta el solo hecho de que exista “una” cifra. Es decir, el oficialismo niega que uno de cada tres argentinos sea pobre (pese a que, para realizar el estudio, la UCA contrató a técnicos del mismísimo Indec), pero jamás brinda el dato que considera “real”. La última noticia al respecto fue la pretensión de la Presidenta ante un organismo de la ONU, en Europa, de que en el país había un 5% de pobres, lo que equivale a negar que haya pobreza. Ese porcentaje es casi el margen de error de una encuesta. La pobreza, así de minúscula, es casi un desliz social. Sólo para que a nadie le quedaran dudas de que era un disparate, vino la ratificación oficial: Alemania -dijo la Jefatura de Gabinete- tiene más pobres que Argentina. Pero, otra vez, esa “anibalada” (equiparable a la creencia menemista de que aquí quedaba el primer mundo), pronunciada en territorio nacional, carecía de números.
Es que cuando la prensa pide específicamente un porcentaje oficial, el oficialismo enmudece aquí. El mismísimo ministro de Economía de la Nación, cuyo deber de funcionario público es manejar ese dato, ha dicho que no tiene “la cifra”, para agregar de inmediato que “la pobreza” es “un tema complejo”. Pero “complejo” es explicar por qué, después de 12 años de tanto gasto social, casi el 30% de los argentinos sigue siendo pobre. La pobreza, en cambio, es pavorosamente sencilla. La pobreza son todos los argentinos que esta sociedad ha decidido que sobran.
Dicho en términos de la UCA, “los pobres son una ‘población excedente’ para el sistema en su conjunto: carecen de un mínimo de condiciones dignas de subsistencia económica e integración social”.

EL MODELO
¿Por qué niega la pobreza el Gobierno? Por tres razones sustanciales. La primera se adivina en el hecho de que el kirchnerismo se indigna con el informe de la UCA, a pesar de que ese estudio abunda en reconocimientos a las políticas sociales “K”. “A fines de 2009 se inició un nuevo proceso de recuperación económica, con fuerte crecimiento del consumo interno, el cual tuvo sus mejores momentos en 2010 y 2011. En este marco, si bien creció la inflación, mejoraron las remuneraciones reales de los sectores asalariados, se extendieron las pensiones hacia los desocupados, la infancia y las personas mayores, y creció la inversión pública en infraestructura social”, reza la UCA, que incluso admite que las cifras finales de 2014 son mejores que las de 2010. Por aquel entonces, el Barómetro de la Deuda Social no le molestaba al Gobierno que conseguía la reelección con el 54% de los votos.
“Sin embargo, a partir de 2012, y durante casi todo 2013 y 2014, el crecimiento se detuvo, la generación de empleo productivo se estancó, la inflación continuó en ascenso y creció el déficit fiscal”, contrasta el estudio. Entonces el Gobierno que perdió los comicios de hace dos años, y en esa votación cayó 20 puntos en materia de sufragios, ahora se indigna.
“Aun cuando continuó creciendo el gasto social, volvieron a aumentar la marginalidad laboral y la pobreza por ingresos y casi no se registraron cambios en la pobreza estructural medida por necesidades básicas insatisfechas”, advierte el Barómetro.
“A pesar de las intenciones y de los esfuerzos gubernamentales, persiste una matriz económica, social y cultural desigual... incapaz de garantizar empleo de calidad y ciudadanía plena para todos”, alerta.
Y, finalmente, lo dice. “El consumo interno y la asistencia pública no logran resolver estructuralmente la trampa en materia de desigualdad que impone un modelo político-económico fundado en heterogeneidades sociales muy marcadas”. O sea, la pobreza masiva denuncia que “el modelo” del kirchnerismo no es otro modelo. Allí la primera razón del negacionismo.
Que un tercio de la población argentina sea pobre le saca el maquillaje a los gobernantes: son sólo un hato de burgueses con veleidades marxistas, en nombre de un progresismo que, a juzgar por los barquinazos en los Códigos y la obsesión por fotografiarse con el Papa, en verdad les queda muy incómodo.
Justamente, niegan la pobreza por lo que realmente hacen, pero también por lo que verdaderamente son. Es decir, la pobreza ofende al kirchnerismo (hasta el extremo de indignarlo), pero ya no sólo porque desenmascara “el modelo” sino porque el funcionariado kirchnerista es la antípoda de la pobreza. El establishment “K”, tanto en el orden nacional como en las provincias, vive en el universo de la riqueza infinita. Esa que parece no tener fin cierto ni origen que no sea dudoso. Por eso necesita que la pobreza pertenezca a otro universo. Tanto en el plano nacional (con el Gabinete más millonario de los 200 años de la historia argentina), como en la domesticidad formoseña, el funcionariado demanda que la pobreza sea ajena a la Argentina.
Pero la pobreza y la riqueza no son antinomias que se excluyen la una a la otra, sino sólo bipolaridades que coexisten en el mismo plano social. La pobreza existe, y mucha, en este país. Y si ninguna riqueza es inocente de la pobreza que la rodea, ningún funcionario enriquecido en la función pública es inocente de esa pobreza que no ha desterrado.

LA HERRAMIENTA
Finalmente, niegan la pobreza (y aquí la tercera y más oscura de las razones) porque de lo contrario, después de 12 años de una riqueza estatal que ha sido inédita (y ojalá que no haya sido irrepetible), deberían reconocer que se sirven de ella. Lo testimonian los asentamientos de emergencias que el kirchnerismo parece desconocer, aun cuando están a la vista de cualquiera que vaya desde la Casa Rosada hasta Aeroparque. Lo denuncian también los asentamientos formoseños, aunque parece que tampoco las vieron desde hace poco más de un año en el Lote111, por ejemplo.
Si hay droga es porque hay cocinas de para elaborarla. Si hay cocinas es porque el negocio es millonario. Si el negocio es millonario es porque lo ampara y lo auspicia un sector del poder. Si un sector del poder ampara y auspicia esta aberración, es porque la droga se ha tornado un instrumento de control social. Si la droga es un instrumento de control social, el sector de poder que la ampara comprende al oficialismo y también a la oposición.
Si la droga es un instrumento de control social, la pobreza es la caja de herramientas para el sometimiento de un pueblo. Abierta y desplegada, le ha sido tan útil a la patria clientelar...

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