El intendente de Campo gana 46 veces más que la mayoría de los empleados del organismo que conduce

LOCALES 11/05/2017
Ahora, tras el aumento, los sueldos municipales son de entre 1.200 y 4.200 pesos. Pero la distancia que el jefe comunal mantiene entre su propio salario y el de su asesor legal – el segundo, de mayor incremento dentro del rango jerarquíco - es brutal: el abogado sólo lleva menos de la mitad de lo que se asignó su jefe.

El intendente de Campo, Roque Martiniano Zarza, aprovechó la movida provincial lanzada hace poco más de un mes y se incluyó dentro del decreto de aumento de salarios que otorgó a sus empleados. Ahora le pone a sus bolsillos casi 47.000 pesos, por mes, para justificar el esfuerzo que le dedica a una de las localidades más olvidadas de la ruta 81.
El funcionario hizo casi lo mismo que Insfran en materia de aumento de salarios, la exclusiva diferencia estuvo en que mientras el gobernador aplicó la medida desde marzo, en Campo los municipales accedieron al beneficio con los ingresos de abril.
El gildista Zarza dio muestras de estar padeciendo los efectos neoliberales del presidente Mauricio Macri y se incluyó junto a todos sus colaboradores en el decreto que firmó el 25 de abril para formalizar el incremento. Ahora el viejo caudillo de una de las poblaciones más olvidadas y abandonadas del territorio accede, por mes, a la friolera de 46.223,97 pesos, mientras el empleado menos favorecido, ubicado con la categoría 17, tiene asignado un salario mínimo de 1.200 pesos.
Los obreros municipales, como el personal jerárquico, tienen otras remuneraciones adicionales, pero inciden con escaso efecto sus muy pobres salarios.
Por otra parte, volvió a trascender en corrillos gremiales muy cercanos al Gobierno provincial, que el gobernador Insfran autorizó el envío de partidas extraordinarias a una gran mayoría de los municipios para hacer frente al aumento de sueldos.
“Lo que pasa es que los intendentes son unos bandidos: muchos directamente no otorgaron aumentos, otros lo dispusieron a partir de abril, mientras otra tanda decidió un beneficio menor que el dado a los de la administración provincial. Bueno, ahora deberán justificar los dineros públicos con el Tribunal de Cuentas; son otros tiempos y estos muchachos tienen que adecuarse, sino….”, planteó un conocido sindicalista que se jacta de ver los sucesos con objetivos aunque su catalejo está instalado bien cerca de la mesa chica del poder político.

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