Es cada vez más notorio el retroceso oficial en los asentamientos de la ciudad

LOCALES 01/06/2017 Por
Tantos días de lluvias sólo suman argumentos que justifican la desidia del Estado, en la vida cotidiana de los vecinos que deben debatirse entre sus propias carencias, limitaciones y soledad para enfrentar un escenario con matices grises y bajas temperaturas, como el de las últimas horas. Los nuevos barrios son quienes más se ven tan afectados por el fenómeno climático como por la incapacidad e insensibilidad de los funcionarios para atender requerimientos muy básicos.

Una mujer luchando contra serias limitaciones en una de sus piernas por los efectos de la diabetes, apoyada en un bastón ortopédico de cuatro patas en medio de la gran masa de barro en que se ha transformado la calle que pasa frente a su casa, constituye todo un símbolo del abandono en que las autoridades municipales y provinciales han sumido a gran parte de la población en los últimos días. Las brutales dificultades de esta señora para transportarse se ubican apenas un escalón más arriba de las que azotan a sus vecinos de la urbanización San Isidro para trasladarse hasta cualquier punto de la ciudad, desde que, hace muchos meses, el servicio urbano de pasajeros de la ciudad dejó de entrar al asentamiento de unas 550 familias.
En una ciudad pasada por las lluvias de tantos días ininterrumpidos, a nadie se le ocurre reclamar la presencia de equipos viales para reparar calles de tierra.
Pero cuando son los propios pobladores quienes deben recorrer varios kilómetros caminando, luchando contra kilos y kilos de barro, para, en muchos casos de urgencia, trasladar a un niño al hospital público, porque la fiebre del resfrío no cesa, la ausencia del Estado se vuelve notorio.
La mayoría de los pocos comercios ya se quedaron sin stock, porque los camiones no pueden meterse al barrio; entonces de nuevo sólo sirve salir de la zona para adquirir la leche, el pan, el remedio o la goma de pegar.
No parece complicado disponer para determinados lugares de la ciudad, de un equipo de salud, compuesto por un médico y un enfermero y un stock de medicamentos básicos para atender los requerimientos en momentos como los de estos días.
Las condiciones son muy parecidas en el San Isidro, como en el Lote 111 o en el Lisbel Rivira, donde la presencia del Estado no sólo es elemental, sino determinante, debido a las precarias condiciones de los vecinos, por un lado, y a la incapacidad operativa de los funcionarios, por el otro.
En materia de seguridad y de otros servicios, menos urgentes, el olvido es el mismo.
En Formosa se vuelve cada vez más evidente el retroceso oficial en cuestiones básicas. Los vecinos humildes son quienes más lo sienten. Y quienes más lo sufren.
En medio de todo, pocos cuestionan a la brutal interna que hoy vive el partido gobernante, para intentar encontrarle un justificativo al escenario social; no por protección, sino por desconocimiento.                                                   Sin embargo, en el fondo, los reclamos y las angustias tienen un solo denominador: ese partido gobernante.

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