La interna del oficialismo local a punto de estallar

LOCALES 10/09/2017 Por
Entre sábado y domingo, el intendente Jofré intento, vanamente, disimular la grieta que lo tiene de un lado y del otro al gobernador Insfran, mediante el burdo discurso de ocasión. “Todo está bien, pese a lo que por ahí se dice”, lanzó, en dos actos que lo tuvieron como anfitrión de actividades municipales. Justamente, porque todo está cada vez peor apeló al viejo recurso que no hizo más que blanquear la turbia relación.
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La sonrisa plástica de Jofré y el ceño de ocasión de Ferreira intentan disimular un matrimonio que vive casi a los golpes.

“Jofré está podrido de Pomelo (por Ferreira, el jefe de Gabinete); hace exactamente todo lo contrario a lo que el propio Insfran le dice, entonces el ingeniero terminó por entender que enfrente le juegan a dos puntas”, evaluó un muy cercano colaborador del intendente capitalino.
El sábado, el jefe comunal se puso al frente de un imponente acto donde inaugurado el nuevo Paseo Ferroviario y Patio Gastronómico y el Primer Campeonato Sudamericano de Jet Ski y Motos de Agua, incluidos en el mega evento “Formosa a Toda Costa”, un espacio que remite a la época de oro del ferrocarril en nuestro territorio.
Al día siguiente, el ingeniero volvió a encabezar un acto para presentar en sociedad a los colectivos que desde este lunes se harán cargo del nuevo servicio urbano de pasajeros.
En ambas ocasiones, al presentar a los presentes se dirigió al jefe de Gabinete, Antonio Ferreira, con adjetivos distintivos y aseguró que “pese a los dichos” la comuna y el propio gobernador “estamos trabajando más cerca que nunca”.
“Si quieres saber que verdad dice un político, cree lo contrario de sus dichos”, parafrasea un eslogan retorcido, pero muy amparado por el sentido común.
Jofré no se hubiera esmerado en resaltar la cercanía si no tuviera los problemas que tiene con el ala oficial del peronismo. Su conducta no hizo más que blanquear todo lo que desde la segunda línea de ambos bandos se desliza con insistencia.
Insfran sabe que los votos de su exministro son determinantes para su propio futuro político, pero como carece de capacidad para convivir en un ambiente compartido y con el mando repartido casi en partes iguales, termina sucumbiendo ante sus propios temores y su reconocida desconfianza.
Jofré, mucho más sereno y equilibrado, y consciente de sus limitaciones y de un futuro inmenso, intenta subsistir apelando a la sonrisa plástica y a una gestión que cada vez lo muestra más osado y cercano a la gente. Pese a las calles agrietadas, la basura que no deja de acumularse y una política claramente recaudadora que no se traduce en servicios concretos, principalmente en los barrios.
La interna peronista no se grita, pero se ejerce con hechos concretos.
De nuevo el colaborador del jefe comunal: “Si no viene Gildo, no viene nadie del PEP a nuestros actos; el apoyo institucional viene a gotas, pero gotas que deben ser insistentemente reclamadas, cuando el propio gobernador fue quien las prometió”, aseguró.
“Todos los días cae gente, arrepentida, que quiere sumarse al equipo político de Jofré y hay una extraordinaria coincidencia al responsabilizar a Pomelo de tantas trabas y tanta tirantez”, agregó.
“Uno ya no sabe quién manda realmente; se cree con poder para designar al próximo gobernador, en la creencia que lo de Gildo es un sálvese quien pueda porque no pocos comprenden que le espera decenas de juicios en los siguientes meses y su futuro estaría más cerca del San Antonio que de la esquina de Uriburu y Belgrano”, reflexionó.

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