Siguen las muestras de descontrol del oficialismo

LOCALES 07/10/2017 Por
El uso de los recursos públicos con fines electorales ha sido una de las conductas históricas más frecuentes en el peronismo mientras sus dirigentes manejaron el poder político.
20171007_100410

La directa creencia de que gobierno, estado y partido son una misma cosa ha construido una perniciosa cultura con claros objetivos electoralistas. Y siempre recostado en la dádiva y los favores políticos, muchos de ellos dirigidos a gigantescos negociados con participación de funcionarios, familiares y amigos.
A principios de año, un grupo de legisladores locales se entrevistó con altos funcionarios nacionales del área social, buscando el manejo de algunos programas con cabecera en Formosa. “De ninguna manera; tenemos órdenes precisas del propio presidente de no politizar lo institucional”, fue la respuesta recibida en los dos encuentros, entre los formoseños y los colaboradores de Macri.
Los parlamentarios aldeanos regresaron con la cabeza gacha, intentando no atragantarse con las bondades de cómo se maneja la cosa pública en Formosa, donde hacer política tiene asegurado el favor del gobierno, siempre que los votos a buscar sea para su propio color.
Fue una fuerte muestra de la diferencia existente entre Cristina y el hombre del PRO para administrar el Estado.
En los desaparecidos regímenes comunistas, la concentración de esas tres patas constituía una parte clave del control de toda la cosa pública. De hecho, el partido mismo tenía un departamento específico, destinado a politizar toda la sociedad, para lo cual contaba con fondos enormes provistos por un presupuesto organizado con ese fin. Un lavado de cabeza colectivo, mediante una depurada propaganda, armada en base a la exaltación del líder de turno y a sus decisiones políticas, consideradas extraordinarias y propias de un semidiós.
Muchas veces, la única diferencia entre el manejo de lo público entre el gobernante local y esos regímenes, está en la forma en que llegaron al poder: acá, mediante un sistema electoral extremadamente oscuro; allá por el derrocamiento del funcionario de turno.
En las últimas horas dos hechos no pasaron desapercibidos para la franja social involucrada en los comicios de octubre. Una camioneta con fuerte propaganda electoral referida a los candidatos que promueve el ministro de la Comunidad, estacionada de cola frente a la sede del organismo como preparada para ser cargada se paseó por Facebook, despertando el rechazo acostumbrado.
La imagen sólo reflejó al vehículo aparcado en ese lugar; todo lo demás fue obra de la imaginación colectiva, plagada de antecedentes de corrupción, con la anuencia de los funcionarios y candidatos funcionales porque son parte del mismo objetivo.
El otro hecho tiene que ver con el uso de las grandes estructuras diseminadas en puntos estratégicos de la ciudad para exhibir gigantografías referidas a actividades oficiales, como la promoción de fiestas, programas sanitarios o actividades festivas.
Ahora, sostienen a los candidatos del oficialismo, originando todo tipo de rechazo social y aumentando el sentir público de indignidad que sólo despierta el uso indiscriminado de fondos que sólo llegan a una parte pequeña.
Para muchos, se trata de una nueva muestra de la escalada en que entró el peronismo al no poder torcer los números de las encuestas que vuelven a posicionarlo derrotado, como en las PASO.

Te puede interesar