Desesperado, el peronismo apela al saqueo público para no perder el control de su poder político

LOCALES 16/10/2017 Por
Como jamás en los últimos 20 años, la dadiva y la prebenda, sostenidas con recursos del Estado forman parte hoy de la vieja estrategia del partido gobernante, ante un electorado que hace tiempo comenzó a mirar otros formatos.
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En los últimos días, la ciudad se convirtió en una especie de gigantesco supermercado, capitaneado por los principales dirigentes del partido gobernante, donde la clientela espera en las casas o es abordada en las esquinas por un ejército de punteros rentados, encargados de distribuir todo lo que las góndolas permitan. A diferencia, del negocio tradicional, acá el rédito que se busca es el voto, el 22 de octubre y, mientras allá un empresario debe pagar a un fabricante para obtener los productos, acá son los recursos del Estado quienes terminan bancando.
El espacio del gobernador Insfran y el del intendente municipal Jofré, finalmente, practican la misma vieja metodología para capturar voluntades; nada de ideales políticos o proyectos innovadores, ni de debates o prédicas sustentadas en la historia o el compromiso: un vendaval de material gráfico estático y móvil, uso absoluto de los medios de comunicación oficial, potentes parlantes subidos a poderosas camionetas importadas, por un lado; por el otro miles de punteros pagos y convenientemente vestidos, son los encargados de transportar el merchandising político. Son los mismos que por estas horas obsequian bolsones con mercaderías, ofrecen dinero en efectivo, ropa y pequeños electrodomésticos como intercambio para negociar el voto.
El domingo, en la capilla de un humilde barrio, un joven entregaba bonos de una rifa, conjuntamente con el voto del sublema del Frente de la Victoria que integra, como parte de una atractiva fiesta por el Día de la Madre. El premio: un lavarropas.
Mucha gente envío imágenes y comentarios a este medio, dando cuenta de lugares donde se aprovisionaban a los vehículos, confirmando el uso de medios y bienes públicos.
Luis López Guaymas, un conocido asesor del gobernador Insfran, el fin de semana regaló carteras a dirigentes de distintos lugares de la ciudad y del interior que la adquirió de un comercio familiar. No hace falta decir quién pagó esos regalos.
El peronismo modificó brutalmente su discurso, tanto desde lo formal como desde lo profundo en una maniobra desesperada que intenta detener la marcha del cambio que, inexorable, comenzó a instarle en Formosa, como en gran parte del país.
El trato amable, comprensible y conciliador reemplazó al puntero apurado y maltratador que hace muchos años abandonó los barrios, del mismo modo que algunos colaboradores director del gobernador a quienes el mismo Insfran reprochó públicamente, intentando, vanamente, esquivar su propia torpeza.
Una sociedad cansada de las mismas caras, las repetidas conductas y un futuro incierto son partes del verdadero adversario que tiene el oficialismo en Formosa. La estrategia, copiada al rival de turno, no parece servir para revertir la caída.

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