Sobre como financian los candidatos oficialistas sus actividades proselitistas

LOCALES 06/08/2015 Por
Hay interrogantes que se responden naturalmente, forman parte del colectivo social y de tanto reaparecer corren el riesgo de ser naturalizados. Así, los formoseños parecemos avanzar en un camino que admite como verdad irreprochable, lo que en cualquier sociedad madura y equilibrada resulta completamente inaceptable.
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Al fondo, varias unidades de Ciudad de Formosa ¿De donde provienen los fondos para pagar ese servicio?

Por estos días es cuando afloran las actividades que dan lugar a la exposición de una enorme distracción de recursos que, se presume, provienen del Estado. Lo que ocurre pone al descubierto la enorme disociación que existe entre los recursos de quienes aplauden al que gobierna y quienes lo reprueban. Y resulta innecesario marcar quienes tienen los bolsillos más gordos, de entre los dos grupos.
Los cinco períodos ininterrumpidos de Gildo Insfran al frente del Gobierno provincial permitieron que las castas privilegiadas desplieguen sus habilidades para retener el poder político por décadas. En Formosa el sistema feudal organizado ha creado y consolidado conductas políticas, económicas y sociales que se entrelazan en una red aparentemente indestructible.
El pago de una suma que arranca en 180 pesos y puede terminar en 400 es lo que muchos punteros ofrecen entre los miembros de las cooperativas de trabajo que trabajar para el Estado, para participar de actos políticos. No se sabe de quien lo rechace. De esa forma adquieren la obligación de subir a un colectivo y ser llevados a un mitin publico para aplaudir a candidatos con aspiraciones a cargos electivos que garanticen la continuidad del régimen.
Son los mismos que reciben una gorra, un banderín y una remera con una leyenda identificando a la agrupación que les paga y al candidato que deben apoyar.
El colectivo que los traslada pertenece a una empresa que hace pocos meses fue impedida de alzarse con una licitación para prestar servicios de transporte por mantener deudas sociales con sus empleados. Ese detalle no es impedimento para trabajar en beneficio de los candidatos oficiales.
Un verdadero circo, donde el grupo de candidatos expone superadoras ideas, ratifican promesas de crecimiento y el compromiso de apuntalar un proyecto de inclusión. Y que la responsabilidad actual es dirimir entre dos proyectos, donde uno es bueno y el otro….
Tal vez fuera necesario imaginar un escenario donde estos mismos grupos no formen parte del Estado y deban apelar a otros recursos para intentar retener el poder político ¿Podrán recurrir a los mismos métodos?, ¿dispondrán de los mismos recursos?, ¿insistirán con el mismo mensaje?
Este paisaje no hace más que ilustrar como funciona un feudo en democracia y confirma la necesidad de eliminar la reelección porque reduce cualquier forma de equilibrio entre las fuerzas de quienes gobiernan y los que pretenden reemplazarlos.
Con el actual mecanismo, la democracia se desvanece y pierde gran parte de sus valores; aquellos que buscan privilegiar el principio de igualdad para acceder al manejo de la cosa pública y la plena conciencia de que existe un régimen jurídico que garantiza el apego a la ley y al respeto a la sociedad, cuyos miembros finalmente, deben ser los receptores de una administración sana y confiable.

MECANISMO
Tal vez la forma más clara de entender el feudalismo se encuentre en la relación existente entre el señor feudal y los vasallos, o caballeros, un vínculo de obligaciones mutuas en las que el señor se compromete a velar por la vida de sus vasallos, y éstos a obedecerle, proveerlo de alimentos y servicios personales y acompañarlo a la guerra para defender sus patrimonios.
En cambio, los siervos - es decir, la mayoría de la sociedad feudal - son los campesinos sometidos a la servidumbre, obligados a trabajar para el señor feudal y obedecer a los vasallos, cultivar sus tierras, pagar los impuestos, ser pobres para siempre, y no ser libres de marcharse o de elegir otro señor más benigno. Al siervo, ni justicia.
En el feudalismo democrático del siglo XXI también se advierte esta relación de sometimiento, administrada por el paternalismo político, en la que el señor vela por la vida de su pueblo, al que tiene sometido a su servicio permanente. Una suerte de protector ilustre, como ocurre en Formosa.
Este feudalismo aggiornado , al igual que su modelo medieval, además de sometimiento propicia el empobrecimiento: quien nace pobre, muere pobre en el feudo. No se permite la movilidad social. El ascenso a través del trabajo y del esfuerzo individual está vedado. Sojuzga, y para mantener sometido al pueblo, discierne un estereotipo de dádiva o beneficio social. Y entonces aparece el clientelismo político. El pueblo deambula por los corredores del poder a la espera del beneficio estatal, testimonio silente de miseria más que de pobreza de un pueblo envilecido. Es de advertir que este feudalismo a ultranza tiene su aplicación precisamente en las provincias más pobres de la Argentina.

SISTEMA
En este sistema perverso, tampoco hay justicia para el pueblo. El poder se desliza verticalmente y en su expansión hacia abajo provoca irremediablemente el abuso del poder. Cautiva almas, amedrenta seres, elimina personas y grupos de presión, calla bocas, allana mentes...
En el sistema feudal era importante el señor feudal, pero más lo era el sistema mismo, por su eficacia para dominar al pueblo. En la democracia, un sistema imperfecto pero perfectible, lo más importante es el pueblo y sus expresiones participativas, comprometidas y responsables. A diferencia de la época en que reinó el feudalismo, la sociedad puede, en democracia, elegir a quienes los gobiernan y condenar a aquellos que, amparados en el poder de turno, abusan de la autoridad que se les confiere circunstancialmente. El poder caduca cuando la sociedad en su conjunto lo decide.
En las sociedades modernas y conscientes, la comodidad de ceder todo el poder a uno o a unos pocos hombres y mujeres a cambio de que velen por nosotros retrasa el crecimiento, paraliza las potencialidades individuales, cristaliza las malas costumbres y distorsiona la relación entre el pueblo y sus gobernantes. En las sociedades modernas, es obligatorio hacer uso de las libertades individuales e independizarse de los criterios arbitrarios de los autoritarios.
Porque la democracia ha demostrado que el hombre y la mujer pueden desobedecer en aras de la construcción de un mundo mejor, de un país mejor, de una provincia mejor.

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