Ser agradecidos siempre permite recompensas, acordes con el tamaño del favor

DESTACADOS 17/06/2015
Como jueza, Giselle Verónica Drovandi debe ser imparcial. En la demanda por daños y perjuicios iniciada por el gobernador contra un grupo de medios y periodistas, tenía que “guardar distancia” de las partes en litigio. Pero le resultaba difícil. Ella pertenece de cuerpo y alma al Gildismo, ya que fue el jefe del Poder Ejecutivo provincial el que la ubicó laboralmente, como también a su marido.
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Agradecidos desde las manos, la jueza Drovandi y su marido Claudio Romám
Nacida en Rosario, Giselle llegó a la Fiscalía de Estado de Formosa de la mano del ministro Jorge Ibáñez, quien la propuso teniendo en cuenta que su esposo es Gildista “de corazón”. Claudio Julián Román, actual director de Administración del Ministerio de Gobierno, Justicia, Seguridad y Trabajo de la Provincia de Formosa es el hombre en cuestiòn.
El esposo de Giselle consiguió su cargo en el Poder Ejecutivo con las mejores referencias, ya que fue recomendado por su tío, el diputado Jorge Román, también del Frente para la Victoria.
Así, la rosarina fue designada procuradora de la Fiscalía de Estado, otorgándosele el 26 de julio de 2004, poder general para representar en asuntos judiciales y administrativos a la provincia de Formosa.
Ya ubicada, enseguida hizo migas con la influyente fiscal de Estado de la provincia, Stella Maris Zabala de Copes, quien acomodó a varias de sus incondicionales en importantes cargos del Poder Judicial.
En el caso de la santafesina, la oportunidad de ingresar a la magistratura surgió al jubilarse María Luisa Valdarenas, quedando vacante el juzgado Civil y Comercial 1 de la Primera Circunscripción Judicial de la provincia, cargo que la Zabala de Copes pidió para su protegida Giselle Drovandi.
No solamente Zabala de Copes movió sus influencias en favor de Giselle, también su padrino Jorge Ibáñez y el tío diputado, Jorge Román.
Con esos respaldos políticos, finalmente la Legislatura de la Provincia votó a la reemplazante de la jubilada jueza Valdarenas, designando el 6 de mayo de 2010, por resolución 2034, a Giselle Verónica Drovandi, quien una semana después juró como jueza civil, iniciando su carrera en el Poder Judicial, donde ahora pretende ascender: ahora quiere integrar la Cámara de Apelaciones del fuero que ocupa en primera instancia.
Mucha imparcialidad no podía esperarse de Giselle, ya que, como siempre dice Gildo, “es de bien nacido ser agradecido”, y por supuesto que la Drovandi no quiere que el gobernador piense que es mal agradecida.
Precisamente por estos estrechos vínculos con el poder político, uno de los periodistas que resultó condenado, Gabriel Hernández, actuando como abogado en otras causas contra el Estado provincial, había recusado años atrás a la Drovandi como jueza.
Al plantear la recusación, Hernández había señalado que la Drovandi “no ofrece en este caso la garantía de imparcialidad que es presupuesto imprescindible para el debido proceso”. La recusación fue rechazada, pero por lo visto, el exintendente capitalino no estaba tan errado.

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