Pone nervioso al gobierno la expansión política de sindicalistas de FAA

DESTACADOS 30/08/2015
La repetida visita de altos oficiales de la Policía provincial a dirigentes enrolados en la Federación Agraria Argentina del norte formoseño, es considerada un acto de amedrentamiento; también, un mensaje, cuasi-mafioso, que pretende limitar las actividades gremiales de quienes, insistentemente, no se muestran funcionales a los planes oficiales.
El hecho fue revelado en el seno de la filial Laguna Naineck de la organización que a nivel nacional encabeza Omar Gabriel Príncipe y entre los miembros de la estructura aldeana reaccionaron con tranquilidad, aunque advirtiendo la necesidad de plantear el escenario en otros ámbitos, antes de adoptar una decisión formal.
No es la primera vez y, seguramente, no será la última que determinados sectores oficiales, preocupados por la expansión de actores que no pueden controlar, salen a intentar detener la escalada.
Entre las muchas formas, está el uso “medido” pero “quirúrgico” de la fuerza pública. Otras veces, la metodología se reduce a un cargo, un aumento salarial o de la escala administrativa, una categoría superior, convertirse en proveedor del Estado, entre otras no tan frecuentes.
Pero cuando la persona identificada no puede ser acercada con estos ofrecimientos, surge aquella otra. Se puede decir que en este caso fue activada la “fase liviana”. Desde lo operativo despliega a intérpretes que comulgan con la ideología del apriete, utilizando herramientas agresivas desde el discurso, y con un poder de penetración lo suficientemente potente como para conseguir el resultado proyectado.
Lo sucedido permanece entre cuatro llaves dentro de la organización que encabeza Bernardo Lagraña y tiene entre sus principales exponente a Pánfilo Ayala. Empero, se deslizó un rumor porque uno de los afectados planteó su experiencia en el seno familiar en la búsqueda de prepararlos para “cualquier cosa”.
“Al menos dos veces vino a la casa un comisario de la Unidad Regional de la zona y habló con un dirigente de la federación. Estaba vestido con el uniforme de la fuerza y se bajó de un vehículo oficial; por lo que pudo escuchar se presentó en forma amistosa y tiraba preguntas sobre lo que hacen los miembros de la entidad, tanto acá como cuando viajan”. La apretada síntesis fue armada por un familiar de un miembro de la FAA que opera en el norte formoseño y accedió al dato porque goza de la confianza del tío.
Incapaz de agregar algún dato más, el periodista consultó a varios integrantes de la mesa chica de la estructura federada de Naineck. Nadie desacreditó la especie; pero ninguno de ellos dio precisiones.
No obstante, una mujer que forma parte frecuente de las actividades sindicales del sector, se sumó a lo que está ocurriendo y expresó su temor. “Hay una situación que nos preocupa, mejor dicho le preocupa al padre de un muchacho que por su actividad todos los días debe trasladarse como 7 kilómetros a través del monte. Me consta que en una oportunidad, cuando vino a la chacra un oficial a hacer preguntas tiró, como quien no quiere la cosa, su conocimiento de lo que camina ese joven. Lo hizo para infundir miedo, porque no había ninguna necesidad de traer a colación ese comentario”, reveló.
“El sector agropecuario está preocupado por el comportamiento policial que se interpreta como intimatorio”, amplió.
Los testimonios constituyen un duro indicio del esquema de apriete que instalaron los responsables del manejo de la seguridad política del Gobierno de Formosa contra la dirigencia de la FAA del norte.
A la actividad sindical de muchos de ellos, el oficialismo con bastante frecuencia le agrega la referencia política, para encontrarle una razón a la postura combativa que suelen tener cuando no están de acuerdo con las decisiones institucionales.
“Vienen como productores a hacer planteos como políticos”, suelen decir desde el Ministerio de la Producción, cuando los bananeros, por ejemplo, no cesan en el reclamo de la emergencia económica, por los efectos de las lluvias de fines de mayo que dejó a muchos chacareros sin la cosecha de toda la temporada y con secuelas que sólo el tiempo determinará con precisión.
Protegidos por una institución con más de cien años de lucha que de los valores sindicales y humanos se enorgullece en todo ámbito de acción, no sería descabellado un pronunciamiento formal en las próximas horas que ponga sobre la mesa de discusión nacional lo que está ocurriendo en Formosa.
La FAA tiene reconocidos títulos en amparo de los productores y es un hecho que no permitirá ninguna presión que infunda temor para impedir la lucha por la defensa de los derechos de sus afiliados.
Bien podría constituir, al mismo tiempo, una necesaria reacción para identificar a los actores de un escenario donde se desenvuelven como propietarios de la cosa pública y así correr el velo de la sombra con que operan. Ante la luz, el delito suele permanecer oculto.

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