Las calles muestran la realidad que el gobernador Insfrán intenta ocultar

LOCALES 24/09/2015 Por
Madres sin techo reclaman una vivienda digna: "Hace cuatro meses presentamos situación y nadie nos hace caso", afirman. Cada vez más personas duermen en las calles de la ciudad. El gobernador Gildo Insfrán y el municipio prefieren no hablar, dejando al desnudo las pocas ganas de brindar soluciones eficientes.
madres sin techo
Mujeres encadenadas frente a Casa de Gobierno
La situación del grupo, de madres sin techo, es preocupante: "Pedimos por nuestro derecho a tener un techo digno, nuestros hijos se enferman porque no tiene un lugar para estar lejos del frio", dijo a Radio Uno una de las madres que señaló que las notas entregadas a la Comuna no son respondidas.
Este viernes la Casa de Gobierno permanece vallada y con una importante presencia policial debido a que se espera la llegada de una marcha de casi una treintena de madres "sin techo" que reclaman viviendas al estado desde hace varias semanas. Reclaman contar con una vivienda para ellas y sus hijos ya que no cuentan con una pareja que las asista.
Mientras al recorrer la ciudad capital, uno se puede encontrar con una mujer en una oscura esquina acostada sobre una bolsa azul en la que, al parecer, lleva algo de ropa. Un hombre desarmado del cansancio en una de las veredas de la Catedral.
Estas son solo unas de las tristes imágenes que ofrece por las noches la Formosa Hermosa de Gildo Insfrán. El discurso de la igualdad de oportunidades no es para todos, estas personas están relegadas de la tan nombrada equidad de la que el gobernador habla cada vez que está frente a un micrófono.
Para los más chicos tampoco hay tregua. Aparecen (por lo general) de día en inmediaciones a comercios céntricos con sus prendas de vestir sucias y a veces hasta descalzos mendigando por monedas. Otros recurren a golpear las puertas de las casas para pedir "algo que comer" o ropa y también están aquellos que revuelven en la basura en una desesperada búsqueda por llevarse algo a la boca.
También están por los barrios, trabajando, vendiendo ajos, biromes o lo que sea con el único fin de sobrevivir a la realidad que les toca padecer a diario. La ausencia del Estado se evidencia en estos casos que ofrece la capital de la provincia.
Asegurar que se "beneficia a cada uno de los habitantes" queda como una incuestionable mentira al contemplar a estas mujeres y hombres que deambulan por la vía pública. "Los únicos privilegiados son los niños" se convierte en una falacia feroz al mirar a los pequeños indigentes que piden por lo menos un vuelto.
Las calles exhiben una realidad de la que el gobierno no habla y dejan al desnudo la no preocupación por brindar soluciones.

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