Muchos animales en Formosa viven mejor que cientos de vecinos del Lote 111

LOCALES 25/06/2015 Por
Hacinadas, unas 230 familias conviven con el agua que ingresa a sus hogares por el techo y el suelo, y el barro que forma parte del hábitat permanente. Subsisten, muy lejos de la asistencia sanitaria formal, la inseguridad merodeando a toda hora, y la lucha diaria por el alimento que se consigue en forma interrumpida. Constituyen una parte grande del paisaje que las autoridades formoseñas insisten en esconder para no afectar el relato de la década ganada. Galería de imágenes.
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1 / 6 - Muchas familias esperan en estos ranchos un módulo para intentar olvidar una vida llena de necesidades elementales

Hay que hacer unos pocos kilómetros desde la sede gubernamental para chocar con la otra realidad de Formosa; esa que se ubica en la otra punta de la maqueta que exhibe el afamado proyecto de provincia. Es el escenario que desbalancea, completamente, el concepto de justicia social en el que políticamente se apoya la prédica que dice ser parte de un gobierno nacional y popular. El mismo que dice concebir un espacio para todos y que cada uno constituye una pata de importancia en la mesa de decisiones, encargada de distribuir el dinero público que en forma de millones llega diariamente a esta parte del país.
No se sabe con exactitud cuántos son, aunque uno de ellos tiró al aire una cifra imponiendo un tono lo suficientemente posesivo como para que queden pocas dudas: “237, somos 237 los que esperamos desde principios del año pasado un módulo donde vivir dignamente”. Aunque oficialmente resulta casi imposible conseguir el dato certero, el artesanal trabajo de contar cada rancho, armado a base de chapa de cartón, sirve para confiar en el dato entregado por el vecino.
Una gran mayoría fue traída a este lugar, ubicado en la zona sur de la ciudad, en cercanías de los barrios La Colonia y del Liborsi, desde Villa Hermosa, Santa Rosa y zonas aledañas luego de una seguidilla de lluvias que conjuntamente la crecida el río Paraguay dejó sus casas completamente inundadas. Entre el apuro de las autoridades por dar una respuesta en un momento delicado donde quedó expuesta la falta de previsión y la angustia de cientos de pobladores, la respuesta los pone hoy mucho peor que la vida que venían llevando.
Se trata de personas que, básicamente, sobreviven por los planes sociales nacionales y, en segundo término, por las changas de los hombres y el trabajo como domésticas de las mujeres.
“Yo tengo nueve hijos; mi marido se quedó sin trabajo hace casi dos meses. Tengo el plan de siete hijos pero vivimos muy mal. Estamos en el barro, los chanchos están mejor. Cuando llueve pongo a todos los chicos en una cama hasta que pase todo, después a sacar el agua y a secarnos, porque las chapas ya no dan más”, sintetizó la joven mujer.
Una cuadra antes, otra mujer aseguró que espera el prometido módulo municipal para casi un año. “Vivimos acá con varios chicos y mi hija que está embarazada. Fuimos traídos desde Villa Hermosa con la promesa de que en tres meses nos darían el módulo, pero de eso hace ya casi un año”, dijo.
“En los primeros meses, había atención sanitaria y marcada presencia policial, hoy siento que nos abandonaron; nadie más vino. Los punteros políticos siempre se encargaron de todo, no los funcionarios, ellos venían te censaban y prometían beneficios que jamás llegaron. Antes estábamos mucho mejor. No hay ningún futuro viviendo de esta forma. Convivimos con el agua, el barro, la enfermedad y ahora el frío”, opinó, sin alterarse, pero mostrándose ligeramente frustrada.
Entretanto, un hombre que se identificó como José opinó que los módulos que se construyen están asentados sobre una superficie completamente inadecuada. “Esas casas que aparentemente nos van a entregar, o esperamos que así sea, están siendo construidas sobre un suelo arenoso, llueve un poco y nos damos cuenta como se conforman grandes grietas que terminarán por abrir las paredes”, detalló, mientras señalaba las construcciones, ubicadas en la misma zona.
“Hace pocos meses entregaron casi 200 módulos; trajeron gente de diferentes lugares, cuando el compromiso inicial fue que las familias que vivimos aquí seríamos las primeras en recibirlos. Nos mintieron y lo siguen haciendo”, embistió, con la voz temblorosa y lleno de ira.
En el Lote 111, hoy conviven formoseños dentro de una zona dividida entre ranchos de chapa de cartón y módulos construidos y en ejecución para ir erradicando las primeras estructuras, que dejan un paisaje pintado en negro, de mucha pobreza. Más allá de estas diferencias, en el interior no parece haber distancias en la calidad de vida, del mismo modo que a las autoridades no parece importarles el presente y futuro de casi un millar de personas que fueron empujadas por las aguas y ahora están obligadas a convivir con la parte más fea de la miseria humana.
Para una atención médica, deben recorrer varios kilómetros, hasta llegar a la sala del barrio Liborsi o, un poco más allá, la de El Pucù. La promesa al momento de llegar, fue que habría un servicio permanente para los pobladores del asentamiento. Pero al igual que un destacamento policial, nada de eso se cumplió
“Hace un mes regresé a Villa Hermosa, donde estaba mi casa; me encontró con que derrumbaron todo, para que no regresemos. Les pide que no lo hicieran, que esperaran un poco. Destruyeron lo que tanto me costó hacer, hubiera querido sacar las puertas, las .ventanas y hasta ladrillos para usarlos con el modulo. No les importó, la cosa era que no regresemos para de esa forma evitar nuestros reclamos”. La realidad que golpeó a este poblador, sintetiza por donde pasa el interés oficial a la hora de dar respuestas concretas. El mismo que sirve para graficar la realidad social de miles de formoseños, enmascarada por un discurso que exhibe a la obra pública como estandarte de una gestión que se estaciona, casi con exclusividad, en el interés de sus integrantes y deja las migajas para la mayoría.

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