Siempre cerebro y corazón al educar

LOCALES 22 de febrero de 2020 Por Daniela Leiva Seisdedos (#)
Los docentes educamos con el cerebro y el corazón estos son nuestros recursos educativos primarios. Educar es brindar humanidad. 
eeerr

Por lo avatares de la vida, por vivir corriendo, por vivir como autómatas es que creo como docente que a nuestra educación le está faltando alma.
 Mucho cerebro y poco corazón; sé que no se come con el corazón pero nos hace más humanos, siempre me llama la atención la cara de los hindúes, miseria por rolete en las calles de la India pero van con una sonrisa. De que me es útil tanta historia, tanta física, matemáticas sino logro tender puentes hacia una humanidad más plena, porque lo que importa es ser buena persona o ¡no? Si creo en la excelencia educativa, creo en que se debe saber para afrontar lo que debe venir, pero…el alama de la educación es mejorar como personas. 
En la generación de recursos educativos no solo deben estar los conocimientos, también en las escuelas tenemos que generar recursos desde el corazón, somos cerebro y corazón.
Actualmente en diversas investigaciones nos muestran que la falta de respecto al trabajo propio, el  estrés y malestar docente son los indicadores que posicionan a la profesión docente como una profesión de riesgo para la salud mental. ¿Sabías que del 70-80% del éxito en la edad adulta proviene de la inteligencia emocional? Así lo afirman psicólogos expertos como Daniel Goleman y J. Freedman.  Vygotsky en la década de 1930 afirmaba que el pensamiento está unido al afecto. Cualquier tipo de pensamiento está impregnado de emoción, de afecto, lo que hace que la realidad educativa se desarrolle entre pensamientos y sentimientos. 
Las emociones en los docentes no ha sido un tema muy estudiado. La profesión y vocación docente hoy está matizada por los sinsabores, contradicciones y desconciertos desde las autoridades que muchas veces toman decisiones desde los escritorios son conocer el lenguaje que se escucha en las aulas. A nuestra vocación y profesión  la han llevado no sólo al deterioro de la imagen educativa ante la sociedad a límites preocupantes, sino también a una crisis de la profesión propiamente dicha.
Se supone que todos los actores de esta profesión juntos cooperamos para que el desarrollo de nuestros alumnos sea cada vez más productivo y valorada para el beneficio de nuestra sociedad. La relación que hay entre alumnos, docentes, directivos, comunidad y padres de familia, es el conocimiento de cada uno de los alumnos.
Un contrato es una especie de acuerdo o expectativa que las personas mantienen consigo mismas y con los demás. ¿Los contratos emocionales son creaciones nuestras o son creaciones de los demás para que tondos nos sintamos útil y trabajemos cooperativamente y colaborativamente? Con un buen contrato emocional habrá equidad en el sistema educativo.
Nuestras relaciones con los demás se basan en contratos donde les pedimos que hagan esto o lo otro para cumplir con nuestro proyecto de vida. Así mismo aceptamos interpretar ciertos personajes para cumplir con los proyectos de vida de los seres que nos rodean. 
Naturalmente los mejores acuerdos son los que nos permiten sentirnos en plenitud, satisfacción, totalidad y gratitud por experimentarlos. La ruptura de ese hilo transparente que los une puede desembocar en falta de compromiso con el ámbito de trabajo y bajos niveles de resultado en la calidad. Por ello, tiene efectos sobre la motivación personal, el nivel de compromiso, el clima laboral y la fuga de talento.
El comportamiento de las personas en una determinada organización  como son las escuela  no solo dependen de nuestra manera de ser sino también de las características del entorno en el que se encuentre. De ahí el interés por dos conceptos relacionados con el clima de la gestión y organización de la escuela. 
El clima escolar o de aula se desarrolla en dos polos, uno favorable que representa un clima abierto, participativo, ideal y coherente, En cambio existe el otro extremo y estaría caracterizado por un clima cerrado, autoritario, controlado y no coherente, donde imperan las relaciones de poder, de dominación y de control.
El contrato emocional no es un acuerdo que se firma como el de papel, es un compromiso mutuo, entre las autoridades escolares y nosotros los docentes para ir de la mano hacia un objetivo común; una educación democratizadora.
La respuesta a lo escrito es sencilla y el bien es para todos porque el salario de un buen contrato emocional en la escuela es el reconocimiento, resolución de problemas, creatividad de alumnos y docentes somos seres sociales la cooperación con calidad debe ser lo normal.
“La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza – decía Howard G. Hendricks –, sino de corazón a corazón”.


(#) Prof de Historia. Revista El Arcón de Clio. VI Premios UBA. Manuales de CDC de Tinta Fresca-Alfaomega. Personalidad destacada de la Educación del HCD de La Plata.

Te puede interesar