Surgen dudas en Naineck sobre un consorcio de productores que abastece al Nutrir

LOCALES 16 de abril de 2020 Por DE N/REDACCION
Unos pocos recibieron en las últimas horas una parte pequeña de la deuda que mantienen con el Estado provincial como proveedores del reconocido programa social que llega dos veces por mes a mas de 17000 familias formoseñas. Una serie de hechos, entretanto, puso en dudas el manejo de la estructura encargada de la logística y de los pagos a los campesinos por la venta de sus cosechas. 
miguel catan
Miguel Catàn en la mira, en una imagen publicada en su cuenta de Facebook.

“Esta mañana vinieron y me dieron 5000 peses; me deben casi 30, pero bueno, al menos voy a ponerme al día con la luz”, reveló una productora que tiene su chacra en una colonia cerca d Laguna Naineck.
Del mismo modo, otro productor relató un cuadro bastante parecido, tanto por la cantidad del dinero recibido, como por la identidad del pagador, y la reiteración de la informalidad para hacerlo.
Una tercera productora, dedicada a la producción de zapallitos se quedó esperando algo de dinero, de una deuda que ya ronda los dos meses. “El fin de semana me llamaron y me dijeron que este miércoles me darían plata; nadie vino”, dijo, entre frustrada y amargada la mujer. 
Un consorcio es la unión de varias entidades que, al compartir objetivos comunes, deciden aliarse en una estrategia conjunta. No se trata de una fusión de empresas, sino que cada entidad mantiene su independencia, pero adoptan un marco de relaciones con un propósito compartido.
Esa es la estructura administrativa que viene usando el Gobierno provincial para canalizar formalmente sus desembolsos a los productores que le proveen sus cosechas para el Programa Nutrir.
A fines del año pasado, decenas de productores se quejaron por lo bajo de una deuda que, en muchos casos, era de seis meses, y, aunque el intendente municipal de Riacho He He, lo negó varias veces, al sentir comprometida su imagen política ante los hechos desencadenados en esa zona de la provincia, los desembolsos que sobrevinieron e n los días siguientes terminó por desenmascarar al funcionario.
Ahora, un escenario similar se repite a pocos kilómetros, en Laguna Naineck, donde las deudas no son tan prolongadas, ni los montos tan significativos; empero, las brutales consecuencias del coronavirus, dejó a los campesinos casi completamente dependientes de los pagos.
Varios productores de Naineck y sus colonias coinciden en que sus deudas con el Programa Nutrir, orillan los 30 mil pesos, aunque algunos de ellos estuvieron recibiendo un promedio de 5 mil pesos, pocas horas después de que trascendiera la existencia de la mora.
Los hombres de campo de esa zona identifican a un tal Piluky, como hombre de confianza y chofer del administrador del Consorcio Productivo Laguna Naineck, Miguel Catàn.
Un número alto de productores mantiene una mala impresión del administrador: no atiende los llamados, vive muy al margen de las actividades en las chacras, y utiliza a Piluky como una especie de intermediario para pagar y para retirar las cosechas, rumorean los hombres de campo.
El mismo Piluky fue visto entregando algo de dinero a algunos productores, en una clara conducta de quien busca mantener calmo los ánimos, preocupado por la circulación publica de una irregularidad.
Catàn salió por algunos medios, intentando desmentir la deuda, describiendo un contexto de tranquilidad entre los pequeños productores; nadie del Gobierno provincial, como suele suceder, se acopló a la movida.
Entretanto, distintas fuentes oficiales aseguraron que el Estado provincial no mantiene deudas con los proveedores del Nutrir, y que los desembolsos financieros están en orden con una agenda de pagos muy rigurosa, determinada por el propio gobernador Insfran.
Catán hace los pagos y jamás extiende recibos, el trato es completamente informal con los campesinos, y mantiene una disponibilidad completa de los fondos asignados a este esquema. En una radio se despachó con un argumento tan descabellado como infantil, cuando justificó algunas demoras para pagar, al temor que le genera “retirar mucho dinero del banco”.
Al propio Piluky comenzaron a echarlo de algunas chacras, disgustados productores que decidieron dejar de entregar sus verduras al Nutrir, por este estado de cosas, donde la informalidad en el trato y la demora en los pagos, convirtió en angustia sus vidas.
E incluso, muchos comenzaron a darle forma a un formal reclamo para exigir la salida del administrador, crear una nueva estructura administrativa, o, depender de alguno de los demás consorcios existentes en la zona. 
“Quien nos asegura que acá no exista un manejo irregular de los fondos, y que mientras este señor dice que el Estado no paga, en realidad, el mismo mantiene una conducta oscura con el dinero que nos corresponde”, reflexionó un conocido bananero de las afueras de Naineck, recibiendo la aprobación de varios de sus pares, durante una reunión autoconvocada para hablar de esta situación.
La respuesta surgió de una mujer: “El Gobierno debería investigar esto, y llegar hasta las ultimas consecuencias; no se puede jugar así con el hambre de la gente”, disparó.

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