¿A QUE LE TEME GILDO INSFRAN?

LOCALES 16 de mayo de 2020 Por Max Alfredo Berenfeld
La durísima reacción ante el sector privado, las auditorias en el área de la salud, más un gobernador que decidió ponerse al frente de las investigaciones, pasando por terribles celos mediáticos ante falas noticias de casos de coronavirus, parecen desnudar una crisis de poder ¿Le teme a sus socios, que son sus propios ministros?, ¿el poder se le escapó de las manos?… y desesperado acude a un nivel de ferocidad que no se condice con el capital político acumulado.
Gildo-Insfran

Gildo Insfran transita su más alto momento político, desde que, en 1995, reemplazó a su compañero Vicente Joga. Salvo un tsunami, nada puede entorpecer su mandato institucional, y tal vez, lo que le quede de recorrido.
Nadie reacciona con una pistola, ante el maltrato de un vecino, molesto porque la parte de la vereda que comparten, no fue carpida. Sin embargo, pareciera que esa lógica no es aplicada por el gobernador que, en todo este proceso temporal de coronavirus, no para de dar muestras de poder, a tal punto, que, en muchos casos, son claramente excesivas, innecesarias e inoportunas.
En todo esto, existen dos frentes bien distintivos: uno es lo que se observa hacia afuera, con el gobierno desplegando todos sus recursos, aparentemente, para proteger a los vecinos, y castigar a quienes incumplen las normas, principalmente comerciales; el otro tiene que ver con las denuncias de corrupción en varias áreas de la administración provincial. En ambos, la fuerza y el modelo, son muy similares, aunque la diferencia más notoria es que en lo interno, el propio Insfran se puso al frente de todo, como mandando un mensaje a sus funcionarios, advirtiendo solapadamente que no está dispuesto a convalidar los actos de corrupción.
Algunos sostienen que, tras tantos años en el cargo, Insfran sólo tiene cómplices, lo que se traduce en socios para los negociados, y silencio para conservar el rendimiento. Pero también la obligación de equipararse con ellos, ante la derivación que podría tener cualquier decisión personal de echar al ministro, o al secretario de Estado, con el que vino compartiendo esas actividades, a lo largo de muchísimo tiempo. “Nadie escupe hacia arriba”, reza un refrán que a veces se aplica en política.
La reacción oficial contra Ricardo Pilo Cáceres, descompone los rumores históricos sobre una relación amigable entre el gobernador y el empresario más importante de Formosa. Seguramente, los locales comerciales de la cadena justificaban las infracciones, los secuestros y las multas, pero, de ninguna manera, merece el mismo adjetivo las maneras empleadas por los inspectores del gobierno. El cierre de algunos locales, y la insistencia, se parecen más a un ensañamiento, que al incumplimiento de las exigencias pedidas para que los comercios abandones sus irregularidades.
Pero como una conducta muy parecida se estuvo ejerciendo en todos los comercios, lo que debe recriminarse es el momento en que se decide enderezar la normativa que regula la actividad privada en Formosa: en plena cuarentena, con las actividades económicas casi paralizadas por completo, y un cuadro de angustia generalizado por la caída de las ventas, y el cierre de muchas bocas de expendio.
En forma casi paralela, surge el anuncio del alejamiento del ministro Decima, y la decisión de Insfran de ponerse al frente del área sanitaria, lo que, en un primer momento, se leyó como una mera decisión de reemplazar al medico en su rol de jefe de la cartera ministerial. De todos modos, gran parte de la sociedad celebró la salida, mientras una catarata de mensajes inundaba las redes sociales, advirtiendo millonarios negociados y ejemplos contundentes del déficit operativo de la salud pública de Formosa.
Enseguida, una lluvia de auditorías, con un ejército de contadores del Ministerio de Economía, sobre áreas que manejaba Decima, y de nuevo una potente oleada de rumores dando cuenta de un desfalco millonario.
Seguramente, jamás trascenderán los resultados de esas auditorias, como tampoco las responsabilidades de los funcionarios, una lógica política propia de un sistema totalitario, con las libertades restringidas por un techo que casi se posa sobre cabezas que, si denuncian el escenario, tendrán que vérselas con jueces acólitos, y un ejercito de recriminadores cuasi profesionales.
Por último, la conjetura que queda para justificar, tanta ostentación de fuerza y de poder, es considerar un estado de podredumbre interna generalizado, visualizado por el viejo líder, que, desesperado, trata de sujetarte contra el mástil mayor, apelando a fuertes mensajes, en un intento por equilibrar el mando. La historia del hombre, a lo largo de su reinado está repleto de ejemplos de como cae un imperio, a partir de la patológica omnipotencia, que siempre termina siendo un burdo engaño.

Max Alfredo Berenfeld

Director.
Lic en Ciencias Sociales y Periodismo.
Integró 16 redacciones de medios gráficos de la ciudad de Formosa y de otros puntos de la Argentina, además de otras dos en Asunción, Paraguay.
Fue jefe de Redacción de los ultimos tres diarios en los que se desenvolvió.
Miembro de FOPEA.
Tiene 29 años de ejercicio de periodismo gráfico.
En la faz pública, se desempeñó como jefe de Prensa, del Superior Tribunal de Justicia de la provincia de Formosa, durante 12 años.

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