IMPENSADO GIRO AL CAPITALISMO MAS ORTODOXO DEL GOBIERNO PROVINCIAL

LOCALES 07 de septiembre de 2020 Por DE N/REDACCIÓN
Es que comenzó a usufructuar los beneficios del furtivo negocio al que empujara a poco más de 150 tomateros, a quienes entregó una bolsa de cloruro de potasio, valuado en unos 2.500 pesos, a cambio de siente cajones de la roja fruta, cada una de las cuales se comercializan a no menos de 550 pesos. En poco menos de un mes, los pobres campesinos le dieron una ganancia estimativa de 202 mil pesos a la administración de Gildo Insfran.
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Una tomatera de la zona de Naineck exhibe su cosecha.

En menos de cinco años, el Gobierno provincial dio un giro conceptual gigantesco en su política agropecuaria: de ideales asistencialistas, se convirtió en una versión capitalista clásica.
En los primeros días de agosto, el Ministerio de la Producción y un número no precisado de productores de tomates, estimado en 150, de un total de 180 de acuerdo con un censo oficial que no comulga con algunas organizaciones agrarias que hablan de 240, acordaron un plan de asistencia, consistente en la entrega de una bolsa de 50 kilos cloruro de potasio, a cambio de la cual, antes que concluya septiembre, debía entregar siete cajas de tomates.
El Gobierno provincial, reeditando su acostumbrada maña publicitaria, vendió a los cuatro vientos el arreglo que llegó por sorpresa y lleno de mañas a los tomateros que ya habían abandonado la esperanza de una asistencia oficial.
En estos días comenzaron los tomateros a llamar a los funcionarios para pagar el préstamo, una conducta tradicional del hombre de campo que prioriza la deuda, antes que la búsqueda del beneficio económico.
Aunque los tomateros no pusieron reparos en la letra chica, fueron forzados a vender su producción a unos 350 pesos por caja, un valor completamente desfasado respecto de lo que vale hoy la fruta en cualquier lugar de la provincia y la región, donde las pizarras la ofrecen hasta a 1.200 pesos.
En los últimos días, en el Mercado Frutihorticola, la caja de tomates podía conseguirse a 550 pesos; sin embargo, unilateralmente, el Gobierno provincial dispuso recuperar su inversión estableciendo que cada cajón cueste sólo 350. Una operación aritmética sencilla permite determinar que, por cada productor, el Estado se quedó, al menos, con una ganancia de 1.350. Y si se tiene en cuenta que el negocio agrupó a unos 150 productores, el número final asciende poco más de 200 mil pesos.
Todo este esquema se produce en un momento comercial caótico del tomate, con enormes restricciones para el transporte por el coronavirus, y el ingreso gigantesco desde Paraguay y otras provincias.
Mientras el Gobierno provincial habla de los beneficios de la diversidad productiva, porque pretende que el hombre de campo sólo coseche para su subsistencia, y no para expandirse económicamente, los tomateros están angustiados por los inconvenientes para vender su producción. Justamente, en este último aspecto, también permanecen a la espera que desde el Plan Nutrir cumpla en su totalidad con otra pata del acuerdo, consistente en la venta de todo el tomate para las bolsas nutricionales que son distribuidas entre los sectores más vulnerables de la provincia. 

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