DENTRO DEL PERONISMO DURO, DAN POR HECHO EL RETORNO DE ADRIAN

LOCALES 21 de diciembre de 2020 Por DE N/REDACCION
Nadie puede firmarlo, ni rechazarlo, pero el escenario está lleno de signos, de esos que no se ven, pero se sienten, los mismos que las justificaciones objetivas son reacias a demostrar, pero fallecen ante la fortaleza de los síntomas. Si tiene cuatro patas, mueve la cola, y ladra, nadie duda que hay perro cerca.

Hace casi un año, Adrián Bogado fue candidato a gobernador del Frente Amplio de Formosa, tras romper lo que quedaba del delgado vinculo que históricamente supe mantener su padre, el eterno vice de Gildo Insfran. La muerte de Floro dejó el terreno allanado para que pase la topadora, limpiando absolutamente todo a su paso, incluyendo las cadenas que los Bogado supieron componer con el eterno gobernador en pago a su lealtad y compromiso político. Adrián quedó sin sustento, y su tropa lo sintió con profundidad en todas partes. No le quedó más que saltar a la arena política, como jamás lo hizo, desde el llano más absoluto. Y rápido sintió los efectos y las consecuencias de tanto desequilibrio en el manejo del poder.
Se retiró a los cuarteles de invierno, diría un historiador ruso, pero, a diferencia de lo que haría el peleador estepario que dedicaba ese tiempo a sanar las heridas y agigantar la sed de venganza, para regresar más encendido, Adrián se confinó en el hogar. Poco a poco, apoyado en el tiempo y en el silencio, la fuerte militancia quedó en el recuerdo. Sus seguidores comenzaron a notarlo, y a resolver las cuestiones prescindiendo de la opinión de caído conductor.
Este sábado 12 de diciembre, al cumplirse tres años del fallecimiento de Floro Eleuterio Bogado, se realizó un acto de imposición de su nombre a una plaza y un boulevard del barrio La Nueva Formosa.
“En nombre del pueblo y Gobierno de Formosa, brindamos nuestro homenaje en el tercer aniversario de su fallecimiento al doctor Floro Bogado, quien fuera el primer gobernador de Formosa en el retorno de la democracia, vicegobernador desde el inicio del Modelo Formoseño y compañero en el desafío de transformar la provincia con criterios humanistas, de equidad territorial y justicia social”, escribió el gobernador Gildo Insfrán en sus redes sociales.
El vicegobernador Eber Solís, y el jefe de Gabinete de Ministros, Antonio Ferreira, además de legisladores provinciales y concejales capitalinos, se hicieron presentes, junto a familiares y allegados del doctor Bogado, para participar de la ceremonia de imposición de nombre.
“Son sentimientos de nostalgia, lo extrañamos muchísimo a mi papá, Floro Bogado, que fue una gran persona, además de lo político. Un hombre de la democracia, de Dios, que entregó gran parte de su vida al pueblo formoseño”, dijo un emocionado Adrián, en medio de un ambiente que ni el más estimulado podría adelantarlo pocos meses antes, cuando la virulencia electoral estaba en su clímax.
“Formosa es una provincia muy feudal. El poder está concentrado en una sola persona. Todo responde a esa persona, la Justicia, si bien funciona el Consejo de la Magistratura, responde a una persona. El Poder Legislativo, el Defensor del Pueblo. Los cinco miembros del Superior Tribunal, salvo quizás el juez más antiguo (Hang). Todos los intendentes son rehenes de ese esquema. En Formosa se coparticipa nada más que el 10 por ciento de los recursos, cuando en otras provincias es el 19%, la dependencia es muy grande. El intendente de Pirané me apoya, el intendente de Clorinda y el de Formosa capital no pueden, porque los van a castigar”, sintetizó el entonces candidato a gobernador, opositor al diario porteño La Nación.
Tras admitir que hubo corrupción en Formosa, Adrián aseguró que resulta difícil controlar que no haya fraude en las elecciones. “En las escuelitas de los parajes, todos votan a Gildo. A veces aparecen todos los votos planchaditos, como recién salidos de la imprenta. Es una vergüenza. La policía responde a Insfrán y no controla. Sumando todos los parajes que hay en Formosa son unos 50.000 votos, más del 10 por ciento del padrón (450.000)”, apreciò.
“Es un animal político. Vive para la política y el poder, no tiene un hobbie, está enfermo del poder. Tiene los síntomas del síndrome de Hubris. Está cada vez más intolerante, y acrecienta su pérdida de confianza en sus colaboradores”, agregó al definir al propio Insfran.
Hay que darle siempre importancia a los ladridos y a los movimientos de la cola del perro, para entender en que anda. El silencio sepulcral de todo un año, el alejamiento político de sus aliados y compañeros de actividades partidarias, su participación entusiasta y activa al acto de imposición del nombre de su padre en La Nueva Formosa, son signos claros de un cambio. La propia decisión de Insfran, a tres años de la partida de Floro, es también un explícito síntoma del acercamiento.
En la mesa chica del peronismo provincial, varios dan por hecho el regreso, del mismo modo que sacuden la cabeza en señal de desconocimiento sobre la posición de los oficiales que rodearon a Adrián en su última participación electoral, entre ellos la concejal Gabriela Neme, las diputadas Patricia Arguello y Silvia Andraus Mateo.
En la UNaF, muchos aseguran que Adrián volvió al ruedo, para disputarle el poder político al hombre fuerte del principal establecimiento universitario de Formosa: Rafa Olmedo. Justamente, allí donde más sintió los efectos de la pérdida del poder que siempre ostentó cuando su padre seguía siendo el segundo más poderoso.
Históricamente, de la mano de la “unidad”, el peronismo, como una religión, tiene la capacidad de mandar al olvido los males del pasado más lejano, y también del más cercano. 
Si finalmente el retorno termina por consolidarse, no pocos comenzaran a interrogarse que parte de Adrián mantendrá la coherencia y la capacidad intelectual para no volver a dejar varados a los compañeros, en medio de la tormenta. Del mismo modo, otros cuestionarán los beneficios para el oficialismo al recuperar a un hombre que con sus actos jugó al proyecto sectario, y no dilapidó adjetivos ni esfuerzos para vilipendiar al viejo líder de siempre. El tiempo cierra las heridas, pero también devela las nuevas acciones del hombre que ya lamió sus heridas y se predispone a inaugurar el nuevo camino, aunque en este caso, puede ser uno ya conocido.

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