Conejero envió a sus empleados a conseguir, cocinar y vender pollos para pagarles sus salarios

LOCALES 19 de febrero de 2021 Por DE N/REDACCION
Explotó la severa crisis que venía humeando puertas adentro del Centro de Capacitación Integral Juan Pablo II, perteneciente al Obispado de Formosa, debido principalmente, a la incapacidad de sus administradores de reunir el dinero para afrontar los pagos mensuales de las casi diez personas que cumplen diferentes tareas en el enorme establecimiento. El lugar mantiene a muchos empleados en negro, sin cobertura social, y bajo reconocidos maltratos.

En las últimas horas, un banner aparecido en las redes encendió rápidamente la alarma entre los feligreses católicos: una gran venta de pollos y sopa paraguaya era publicitada para este domingo, por las autoridades del Centro Juan Pablo II.
Por las redes sociales rápidamente se conocieron detalles de la inusual empresa: “Les comento que el obispo de la diócesis este sábado pasado convocó a una reunión con los responsables de los movimientos de Formosa, en la que sus referentes nos contaron la situación económica por la que está atravesando el Juan Pablo II, casa que la mayoría de los movimientos utilizan para sus encuentros”, describió un creyente católico.
“Por la pandemia no están teniendo ingresos suficientes para solventar los gastos de mantenimiento de la casa y sueldos a sus empleados, a los cuales le han reducido a media jornada laboral. A esto se suman dos juicios laborales”, redondeó, revelando los objetivos de la polleada.
Pero la situación es mucho más profunda. Los organizadores de la feria gastronómica pidieron colaboración en las actividades que van a desarrollar, y también ideas que se puedan aportar para afrontar esta situación y no perder al Juan Pablo II.
Durante una reunión celebrada para analizar la crisis económica, surgieron dos propuestas concretas: venta de pollos o empanadas con sopa paraguaya, todos los fines de semana, las cuales estarían a cargo de los empleados del Juan Pablo, mientras los feligreses colaborarían adquiriendo los productos; mientras que la restante iniciativa fue armar un grupo de WhatsApp con aquellos que quieran colaborar con $100 mensuales en la cuenta bancaria del Juan Pablo, durante varios meses, algo así como una cuota.
El obispo, presente durante las deliberaciones, se refirió a los juicios laborales planteados por Lucía y Cristian, a quienes acusó de “malos cristianos”, porque recurrieron a un juez en busca de la justicia que el jefe de la Iglesia Católica de Formosa se negó a brindar a quienes contrató para una tarea a cambio de un pago mensual determinado. El destrato y la injusticia fueron los motores que movilizaron a estos ciudadanos a realizar sus planteos formales para cobrar sus acreencias.
Mientras para la Justicia argentina, los trabajadores son sujetos de derechos y obligaciones, para Conejero solo son personas que reciben un favor de la Iglesia que les da trabajo.
Desde este mismo medio varias veces se denunciaron los atropellos laborales que se cometen dentro del Juan Pablo II, ante la anuencia que la reacción silenciosa del obispo impone.
Hay como diez empleados trabajando en el lugar, de los cuales solo dos estas registrados, uno de ellos con 23 años de antigüedad, y el otro con 15.
La encargada de la Tesorería redujo el sueldo a la mitad a todos; mientras que los dos registrados trabajan solo media jornada para justificar la reducción salarial, e incluso a uno de ellos que ahora destina la tarde para ofrecer sus conocimientos de albañilería fuera del Centro, pretendieron pagarle sólo el 25 por ciento, ante lo cual el hombre se negó.
Entre los empleados aseguran que “en tres años, la contadora y su pareja se armaron de sendos ceros kilómetros, al igual que la asistente de la tesorera, quien venía desempeñándose como doméstica y ahora goza de su propio automóvil nuevo”.
El criterio generalizado para justificar la severa crisis económica tiene que ver con una muy mala administración, convalidada por el obispo y su séquito.
Mientras tanto, no se detiene la sangría de benefactores de la Iglesia Católica de Formosa, muchos de los cuales reconocieron ante quien escribe este texto, que dejaron de hacer donaciones al trascender el espurio destino que tienen los dineros aportados.

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