UN RADICALISMO PARA ENTENDIDOS

LOCALES 30 de julio de 2022 Por DE N/REDACCION
La incoherencia y la notoria dualidad de criterios que exhibe el radicalismo entre muchas de sus decisiones corrientes, conforman una parte importante de la imagen que viene reafirmando en la provincia, y definen la falta de credibilidad política de su dirigencia para aspirar a cargos concretos de poder en Formosa.
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Para muchos, el rechazo mayoritario no tiene tanto que ver con la figura excluyente de Gildo, como con los agujeros que cava la propia UCR, con referentes mucho más preocupados por conservar el cargo, o aspirar a pequeños espacios institucionales, claramente vinculados con la seguridad temporal de un ingreso del Estado, ante que con la supuesta vocación de poder.
Diputados y concejales dedicados, casi exclusivamente, a reacciones mediáticas en respuestas a hechos que genera el oficialismo, es parte del paisaje existencia básico de la oposición.
Mientras por un lado existe una persecución casi histórica contra Hugo Bay y Miguel Insfran por su pase al oficialismo, la mirada que se posa sobre Abraham Skierkier, es distinta, como si lo del concejal de Clorinda fuere distinto, o como si tuviere sustento doctrinario su profunda hermandad con el intendente Manuel Celauro.
E incluso, en las filas radicales, pocos ignoran el tamaño del mensual botín que sustenta el arreglo entre el radical y el peronista; e incluso prefieren mirar hacia un lado, cuando desde las filas del judío se recurre a su supuesta muñeca política para justificar el acceso a la presidencia del Concejo Deliberante dentro de un Parlamento repleto de peronistas.
En cualquier otro caso así, el dirigente hibiera sido echado del partido, como ocurrió con los que se fueron apelando a la estrategia de un acuerdo de poder con el gildimo.                                                                             Es el único caso en toda la provincia, donde se da este tipo de escenario; una risotada estruendosa, cargada de ironías entre los dos clorindenses, acompañada por la mirada cómplice del quinto piso, mientras la UCR languidece.            

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