Pobladores del barrio Obrero viven recluidos por temor a ser asaltados y golpeados

LOCALES 19/07/2016 Por
Muchos dicen que después de las 18 arranca una especie de toque de queda y deben encerrarse. Aseguran que la Policía dejó de responder a los pedidos de auxilio y que la zona es un sálvese quien pueda, completamente liberada para los robos y brutales agresiones callejeras y hogareñas.
Ver galería 13709573_1119432318120449_2012106287_o
1 / 4 - Esta vivienda tiene dos lineas de rejas, lo que resume el nivel de protección que algunas familias necesitan para repeler los ataques.

“Cuando pensé que la vida me daba una felicidad, un auténtico respiro después de largos años de frustraciones e incomodidades con los beneficios del PROMEBA en mi propia casa, ahora debo luchar con este flagelo de la delincuencia”. La descripción es de Graciela, una sexagenaria del barrio Obrero, que combinó claramente su realidad actual entre los alcances del Programa de Mejoramiento Barrial y los frecuentes ataques de patotas que buscan ingresar a las hogares para apoderarse de todo lo que tienen al alcance, utilizando la fuerza bruta para meterse a las casas y para atemorizar y desmoralizar a los ocupantes.
Pero tal vez lo más llamativo sea lo que muchos de los pobladores dicen de la protección oficial. “La Policía ya no viene; si bien veo patrulleros por las noches, cuando recurro al teléfono para avisar de un hecho concreto por los gritos, golpes o un pedido, nadie concurre”, planteó Inés que vive en un edificio rosado sobre Azopardo.
El concejal Fabián Olivera fue convocado la semana pasada por un grupo de vecinos, desesperados por el incremento de la delincuencia. “Vi mucha gente angustiada, con mucho miedo y desesperación”, sostuvo el legislador.
“Hay una opinión generalizada de que el barrio Obrero es tierra de nadie, o mejor, de los patoteros del mismo sector o de zonas aledañas que impusieron sus propias reglas a las que someten a las familias”, amplió.
“Por ejemplo, es llamativo que antes de la puesta de sol muchos pobladores se encierran completamente, no atienden a nadie; e incluso hay casos de viviendas que tienen dos sistemas de verjas, lo que resume el tipo de protección que necesitan para hacer frente a los ataques”, agregó.
“No es la primera, ni la segunda ni la tercera vez que soy llamado para gestionar respuestas de esta naturaleza, pero ahora me sorprende la angustia y el miedo que note en mucha gente, principalmente en las mujeres”, contó.
“El alcohol y las drogas generan sus efectos para que nuestra juventud robe, ingresando a las casas de cualquier forma; y ante la menor resistencia recurren a brutales agresiones”, dijo Olivera.
“En los demás barrios hay situaciones bastante similares, aunque no con la violencia que se da en el Obrero, donde la Policía parece estar teniendo muchos inconvenientes para operar”, advirtió.

Te puede interesar