LAGUNA BLANCA: FUNCIONARIOS INEFICIENTES EN UNA TIERRA DE ENORMES OPORTUNIDADES NATURALES

La Municipalidad de Laguna Blanca mantiene un criterio confuso para autorizar la presencia de puestos de venta callejeros: mientras algunos de sus funcionarios defienden la existencia de una ordenanza que regula la actividad, la práctica demuestra una aplicación antojadiza y dependiente de la cara del interesado para autorizar esta forma de comercio, cada vez más extendida en la ciudad, sobre todo para el expendio de frutas y verduras y, también, de productos de oscuro origen.

La naturaleza se ha mostrado, desde siempre, completamente benévola con una gran parte del territorio formoseño, donde el hombre de campo dispone de una tierra apta para casi todo tipo de cultivo y, también, para la cría y reproducción de casi cualquier especie animal. Es en el norte donde el apoyo del clima, y de las demás condiciones se muestran en todo su esplendor. Empero, el apoyo logístico de quienes integran la cadena intermediaria, en muchos casos se empeñan en obstaculizar un rendimiento eficiente de la producción. Así, los productores y las familias que necesitan consumir todo tipo de cosechas proveniente de las chacras, se enfrentan a todo tipo de dificultades.
El enorme crecimiento edilicio y comercial de Laguna Blanca, apuntalado por un apoyo particular del Gobierno provincial, encontró, en los últimos años, tropiezos propios y de una fertilidad apresurada y de la ausencia de capacidad y visión de los gobernantes aldeanos.
En el pueblo, pululan puestos de venta de verduras y frutas, regenteados por humildes familias que, por lo generan, son los mismos productores que ofrecen su cosecha o de quienes adquieren el producto y sencillamente se dedican a la venta.
No hay más que algunos destartalados cajones de madera que hacen las veces de exhibidores y mostradores y del grupo familiar detrás de todo, como síntesis del precario comercio.
“A veces viene el inspector, pero como es conocido no pasa nada”, sostuvo una mujer al ser consultada sobre la habilitación del puesto.
“Yo sé que tengo que inscribirme, pero no tengo como hacerlo, si acá apenas saco por día para la comida; somos siete en mi casa”, reveló un hombre que produce y cosecha las mismas bananas que luego pone a la venta.
En general se escuchan comentarios en este sentido sobre la actividad y su plano formal.
También se extendió la exhibición de productos provenientes de otros países, principalmente, de Paraguay, aunque el origen de fábrica sea otro, en el frente de locales establecidos de venta. En estos casos, una pequeña pérgola protege el pequeño capital invertido que se trata de juguetes, ropa, accesorios de celulares y, en otros casos, de pequeños electrodomésticos.
Un caso conocido de esta manera, a todas luces ilegal, de comercio lo constituye un local enclavado sobre la calle Fontana, perteneciente, supuestamente, al padre de un alto funcionario municipal, conocido por la defensa permanente que hace de las normas municipales.
En la intersección de Juan Perón y Moreno se encuentra enclavado un edificio de grandes proporciones, estructurado como concentrador de pequeños comerciantes. Luce abandonado y bastante deteriorado, con paredes humedecidas y la humedad ganando su interior. Claro que con pequeños trabajos, el lugar podría recuperarse rápidamente y, a cambio, de un determinado arancel ofrecerlo a esos vendedores callejeros, para concentrar en un solo lugar toda esta actividad. Una decisión de este tipo no sólo llevará comodidad a los consumidores, sino que servirá para fomentar la actividad comercial y, sobre todo, organizar a un sector que por diferentes motivos se halla disperso, desmotivado y empobrecido.
El llamado mercado concentrador municipal de Laguna Blanca alguna vez funcionó, con unos pocos sectores alquilados por carniceros. La falta de estímulo de parte de las autoridades locales y un marcado desinterés en la política oficial provincial a la actividad primaria en un enclave natural por excelencia contrastan con la creación de fuentes laborales y fomenta la migración del interior.
Hace pocas semanas, un hombre que ofrecía sus bananas junto a sus seis pequeños hijos fue duramente intimado por el secretario general del municipio a cesar la actividad, por “el peligro que representaba el puesto callejero” y porque el lugar violaba los términos de una ordenanza que regula el comercio en el ´pueblo. Es el tipo de conducta que pulula en la clase dirigencial formoseña: hombres ocupados en mirar a través de un tubo, mientras afuera existe un sinfín de oportunidades esperando un pequeño empuje para sacar a relucir respuestas concretas, elementales y necesarias para miles de familias.

Max Alfredo Berenfeld

Director.
Lic en Ciencias Sociales y Periodismo.
Integró 16 redacciones de medios gráficos de la ciudad de Formosa y de otros puntos de la Argentina, además de otras dos en Asunción, Paraguay.
Fue jefe de Redacción de los ultimos tres diarios en los que se desenvolvió.
Miembro de FOPEA.
Tiene 29 años de ejercicio de periodismo gráfico.
En la faz pública, se desempeñó como jefe de Prensa, del Superior Tribunal de Justicia de la provincia de Formosa, durante 12 años.

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