LA MISTERIOSA MUERTE DE WALTER BULACIO

PRIMERA PERSONA 29/06/2018 Por
Aquí se revela la verdadera causa del fallecimiento del joven que fue ocultada por la Justicia argentina, los abogados defensores, organizaciones sociales, autoridades de entidades defensoras de los derechos humanos y familiares directos de la víctima
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Oscar Merlo

Walter Bulacio, un adolescente de 17 años que cursaba estudios secundarios, en la noche del 19 de Abril de 1991 concurrió al estadio Obras Sanitarias de la Ciudad de Buenos Aires para ver el recital de su grupo favorito Patricio Rey y Los Redonditos de Ricota. Llegó tarde sin contar con entrada y trató de conseguir en la reventa por los alrededores pero fue apresado por personal policial junto a casi un centenar de personas. El joven fue trasladado a la Seccional 35 de la Policía Federal, donde supuestamente fue “torturado” con golpes que le asestaron en el rostro y la cabeza. Durante la madrugada fue alojado en un calabozo grande con un cartel de “Sala de Menores” sin que se diera intervención a la autoridad judicial competente (Juez de Menores) ni se informara ni notificara a los padres que se hallaba demorado. Al amanecer Walter Bulacio vomitó y fue llevado a la oficina de guardia donde devolvió de nuevo. En el transcurso de la mañana fue examinado por una facultativa y cerca del mediodía fue internado de urgencia en el Hospital Pirovano.
Los padres, Graciela y Víctor Bulacio, estaban tranquilos porque Walter les había dicho que el recital terminaba tarde y no regresaría a la casa ya que iría directamente a trabajar al club de golf donde era caddie. Recién esa tarde los progenitores se enteraron, por un vecino, que Walter fue detenido en la Seccional 35°. En esa Unidad les informaron que fue internado en el Hospital Pirovano.
Recién cerca de la medianoche, más de veinticuatro horas después de la detención, vieron a su hijo y se enteraron por él y del Dr. Fabián Vítolo, médico de guardia, que los policías le habían pegado.
El domingo 21 de abril, Walter fue internado en el Sanatorio Mitre y el certificado médico que le extendieron en el Pirovano refería “golpes faciales varios de 36 horas de evolución”.
Los días siguientes, el sanatorio se pobló con los familiares, amigos y compañeros de colegio de Walter. También llegaron los periodistas para cubrir la agonía del menor detenido en un recital de rock.
El 26 de abril de 1991, una semana después de su detención, Walter Bulacio murió.

INVESTIGACION JUDICIAL INTERMINABLE…
Después de la internación de Walter Bulacio se inició una investigación judicial por privación ilegal de la libertad y lesiones por denuncia de los médicos del Sanatorio Mitre. El Dr. Víctor Pettigiani, titular del Juzgado de Menores Nº 9, inicialmente investigó el hecho pero al morir el joven se declaró incompetente y remitió el expediente al Juzgado de Instrucción de Mayores Nº 5. El magistrado decidió separar la causa de la investigación de la muerte de Walter y la investigación de la detención ilegal de menores que remitió a un juzgado de menores. Por un planteo de la defensa intervino la Cámara Nacional de Apelaciones que decidió reunificar la causa y ordenó la intervención del Juzgado de Instrucción de Menores Nº 9.
En el expediente se agregó un informe del comisario Miguel Ángel Espósito, titular de la Seccional 35ª, informando la detención de mayores y menores en ocasión del recital de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota y que “por aplicación del Memorando N° 40”, comunicación interna policial que establecía el instructor tenía facultades para informar o nó las detenciones de menores, no comunicó tal situación al juez para que determine la conducta a seguir pese a la obligatoriedad fijada por la ley.
El 28 de mayo, el juez Pettigiani ordenó detener y procesar al comisario Espósito por los delitos de “Privación ilegal de la libertad, abuso de autoridad e incumplimiento de los deberes de funcionario público” y después de la indagatoria fue beneficiado con la excarcelación.
Paralelamente, el 29 de mayo de 1991, la Policía Federal resolvió el sumario interno iniciado contra el comisario Espósito concluyendo que “No surge extralimitación en el accionar del susodicho y corresponde suspender toda actividad disciplinaria relacionada al hecho”.
En febrero de 1992, la querella requirió al juez Pettigiani que se dicte prisión preventiva al comisario Espósito por aplicación de tormentos y el procesamiento de la cadena de mandos policial a la fecha de la detención y muerte de Walter Bulacio pero el juez dictó la prisión preventiva de Miguel Ángel Espósito por privación ilegal de la libertad calificada y lo sobreseyó de los demás delitos.
La defensa apeló la resolución e intervino la Sala VI° de la Cámara que resolvió revocar la prisión preventiva afirmando que “aunque el procedimiento fue a todas luces inconstitucional, Espósito pudo no ser consciente de ello”. De inmediato, el juez Pettigiani sobreseyó provisoriamente al comisario aunque expresó su desacuerdo con el fallo de la Cámara.
El 13 de noviembre de 1992, el comisario fue sobreseído definitivamente y el fallo sostenía que no se advertía responsabilidad penal alguna. La causa Bulacio hubiera terminado allí porque el fiscal de instrucción y el fiscal de cámara no impugnaron el fallo pero como los padres eran querellantes apelaron ante la Corte Suprema, que el 5 de abril de 1994 -casi tres años después de la muerte de Walter- ordenó volver a procesar al comisario.
A fines de 1995, la jueza María Cecilia Maiza dictó auto de procesamiento contra Espósito y al poco tiempo se cerró la instrucción y elevó la causa al juzgado de sentencia. La querella y la fiscalía formularon las acusaciones. Posteriormente, la defensa comenzó a presentar numerosos planteos para dilatar los plazos. A fines de 2.002 se declaró prescripta la acción penal.

INTERVENCIÓN DE LA COMISION Y LA CORTE INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS.
En mayo de 1997, los familiares con el apoyo de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI), el Centro por el Derecho y la Justicia Internacional (CEJIL) y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) presentaron una denuncia ante la Comisión Interamericana alegando que el Estado Argentino violó los derechos a la libertad, seguridad y a la integridad personal, a la vida y a las garantías judiciales de Walter Bulacio.
Cuatro años después, la Comisión concluyó que se violaron los derechos humanos de Walter y de sus familiares demandando a la Argentina ante la Corte IDH solicitando se declare la responsabilidad del Estado por la violación de los derechos y garantías del joven y a la protección judicial en su perjuicio y de su familia fijando las indemnizaciones correspondientes. Además, requirió se ordene una investigación para determinar las circunstancias de la detención, lesiones y muerte, establecer responsabilidades y aplicar las sanciones previstas por la ley argentina.
En febrero de 2003, Eduardo Duhalde, como presidente de la Nación, firmó un decreto por el cual el Estado reconoce su responsabilidad internacional por las violaciones a los derechos humanos y a cumplir las reparaciones que estableciera la Corte IDH. El 18 de septiembre de ese mismo año, la Corte dio a conocer la sentencia contra el Estado y ordenó continuar y concluir las investigaciones para sancionar a los responsables de las violaciones a los derechos humanos de Walter Bulacio. Además, señaló que los tribunales locales no podrían invocar la prescripción de la causa para evitar la reapertura de la investigación.
Las medidas de reparación ordenadas incluyeron la publicidad de la sentencia, de los avances de la investigación y una indemnización económica para el grupo familiar de Walter Bulacio que se fijó en 400.000 dólares por “las graves circunstancias del caso, la intensidad de los sufrimientos que se causaron a la víctima y a sus familiares, el cambio en las condiciones de existencia de la familia y las demás consecuencias de orden no material o no pecuniario que sufrieron”.
La Corte, la Comisión Interamericana, las víctimas y peticionarios controlaron el cumplimiento de la sentencia. Transcurrido los seis meses de plazo que se pautó como la República Argentina solo había pagado la indemnización y publicó el fallo y se instó al Estado a cumplir el resto de la sentencia.
El 23 de diciembre de 2004, la Corte Suprema emitió un fallo ordenando reabrir la investigación del caso porque la resolución de la Corte Interamericana “resulta de cumplimiento obligatorio para el Estado Argentino (art. 68.1 de la Convención Americana)” violando el principio jurídico de “cosa juzgada”.
Se reabrió el sumario por un pedido de exoneración de Espósito y en septiembre de 2008, el ministro Aníbal Fernández anunció públicamente que el comisario Espósito había sido exonerado.
En noviembre de 2013, el Tribunal Oral en lo Criminal 29, condenó a tres años de prisión en suspenso al ex comisario Miguel Ángel Espósito, por el delito de privación ilegítima de la libertad de Walter Bulacio.

EL RECLAMO PERMANENTE DE JUSTICIA…
El proceso judicial se desarrolló paralelamente a las movilizaciones populares contra los edictos policiales, el gatillo fácil, la represión y las torturas policiales. Un cántico se hizo unánime: “Yo sabía, yo sabía, que a Walter lo mató la Policía”. En otras marchas, manifestaciones o en los escraches a comisarías, en los recitales y en las canchas de fútbol se escuchan consignas similares responsabilizando a la policía por la muerte de Walter Bulacio y otros jóvenes.
En los multitudinarios recitales del grupo rockero “La Renga”, uno de los canticos populares más emblemáticos y esclarecedores que entonan los seguidores, dice: “Vamos La Renga, con huevo vaya al frente, / que te lo pide toda la gente / Vamos La Renga, con huevo vaya al frente / que te lo pide toda la gente / Una bandera que diga "El Che Guevara" / un par de rocanroles y un porro pa´ fumar / Matar a un rati para vengar a Walter / y en toda la Argentina comienza el carnaval.”
Resulta evidente que la gente tiene el pleno convencimiento que un integrante la Policía Federal fue quien mató a Walter Bulacio y para vengarlo hay que asesinar a un efectivo policial (rati) para que en todo el país comience el carnaval (festejo).
Esta idea generalizada y profundamente arraigada en amplios sectores sociales de nuestro país no tiene ningún tipo de fundamento ni justificación basados en la realidad. Los medios de comunicación de masa con la complicidad de diversos actores sociales han sido los responsables primarios y directos de influir sobre la audiencia para instalar una idea

MISTERIOSA CAUSA                                                                                                                                               Uno de los secretos mejores guardados durante la investigación fue la causa de la muerte de Walter Bulacio. Los familiares, los jueces y fiscales, los abogados de las partes ni las autoridades de entidades defensoras de los derechos humanos jamás dieron a conocer ni se refirieron a la causa del fallecimiento pese a que exigían el procesamiento por torturas seguida de muerte del Comisario Miguel Ángel Espósito y otros policías de la Comisaría 35°.                                                                                                                         Cuando muere una persona el médico de cabecera u otro profesional deben confeccionar el certificado de defunción y examinan el cuerpo para consignar la causa del fallecimiento y otros antecedentes de salud. SI el médico comprueba la existencia de signos o evidencias que hagan presumir la intervención de terceros en la muerte debe denunciar esa situación para que el juez competente designe un equipo médico forense para realizar la necropsia y establecer la causal del óbito. Si la muerte deriva de un delito, el fiscal inicia una investigación criminal para establecer los pormenores del suceso y determinar la identidad del o los autores, cómplices y demás participes para que sean juzgados por la justicia. Después de la necropsia se entrega a los familiares el cuerpo del occiso para las exequias por orden del juez interviniente.
Por disposición judicial al cuerpo de Walter Bulacio se le practicaron dos necropsias cuyos informes se agregaron a las actuaciones y en ambos casos los profesionales intervinientes coinciden al afirmar que no presentaba lesiones traumáticas ni óseas de ninguna índole ni lesiones por el accionar de terceros. Además, comprobaron que presentaba una malformación vascular angiomatosa a nivel del plexo coroideo izquierdo y que sufrió la ruptura de la misma sufriendo una hemorragia intra-parenquimatosa masiva que evolucionó hasta ocasionar la muerte.
Es probable que muchos lectores estén asombrados por esta aseveración que se ajusta estrictamente a la realidad. Lo que resulta llamativo es que nunca se haya revelado públicamente la causa de la muerte de Walter Bulacio generándose así diversas especulaciones y suspicacias durante muchos años.
El 15 de enero de 2003, el Dr. Osvaldo Héctor Curci, Médico Forense de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, quien realizó la segunda necropsia al cuerpo de Walter Bulacio, respondió por escrito una requisitoria formulada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre distintas cuestiones relacionadas con la necropsia realizada.
El médico forense indicó: “Realizamos la autopsia con la presencia de los peritos propuestos por las partes (Dres. Brizio y Meiss) y el Dr. Eugenio Caputi (Jefe del Depto. de Anátomo-Histopatología). Los resultados de la autopsia y sus conclusiones fueron avalados por todos los peritos intervinientes.” Esto implica que los familiares y abogados de la querella, fiscales y jueces conocían a la perfección el dictamen pericial.             El Dr. Curci, aseguró que en la segunda autopsia “no se comprobaron lesiones óseas de ningún tipo. No se identificaron lesiones contusivas en la superficie cerebral. La hemorragia fue intra-parenquimatosa y ubicada en el centro oval fronto-parietal del hemisferio cerebral izquierdo”.                                                   En otra parte de su informe el profesional, ilustró que “las hemorragias encefálicas se dividen en traumáticas y espontáneas. Una hemorragia cerebral traumática se distingue de las espontáneas, porque, se trata de pequeños hematomas, más que de un solo foco hemorrágico amplio, y dan fe de su origen traumático la existencia de signos concomitantes propios de la contusión cerebral, a nivel del punto de aplicación de la injuria (sujeto que es golpeado), o en el polo opuesto (sujeto que se golpea al caer). Las hemorragias espontáneas (la causa está en el interior del encéfalo) son centro-encefálicas masivas, únicas, y no van acompañadas de signos de contusión cerebral. La primera autopsia efectuada a Walter Bulacio demostró que la hemorragia cerebral tenía características de espontánea y de no traumática. Nosotros examinamos el cerebro del occiso en el laboratorio dc Histopatología de la Morgue Judicial (extraído y remitido por los Peritos Risso y Crescenti), arribando a las mismas conclusiones (hemorragia espontánea no traumática), también comprobamos su origen aneurismático”.                                                                            Y en otra parte de su escrito, aclaró: “El defecto congénito identificado en el examen histopatológico, fue la malformación vascular angiomatosa. Los aneurismas suelen romperse en el plexo coroideo izquierdo. Bulacio la portaba desde el nacimiento, la anomalía consiste en una insuficiencia de la capa media de los vasos, que se dilata y adelgaza constituyendo un punto de locus minorae resistenciae. La mayoría de estos aneurismas se rompen tarde o temprano, frecuentemente entre los 10 y 30 años. Los signos clínicos más frecuentes son cefaleas y convulsiones. En la mitad de los casos se produce hemorragia íntra-cerebral, más raramente subaracnoidea. La hemorragia puede ser masiva y producir la muerte rápidamente como en el caso subjudice o pequeña y cursar con sintomatología variable condiciones que aumentan repentinamente la presión arterial tales como excitación emocional intensa, ejercicios físicos, competencias atléticas, coito, etc. Muchos aneurismas se rompen durante la defecación o la tos (esfuerzo respiratorio a glotis cerrada). Otras veces sin desencadenante alguno, e incluso durante el sueño, cuando es posible que se produzcan elevaciones de la presión arterial asociada a pesadillas (Leestma J.F. Forcnsic Ncuropatology. New York. Raven Press 1988)”.                                                                                                                                               Con relación a la causa, el mecanismo y la manera de la muerte de Walter Bulacio, el Dr. Curci, concluyó que fueron las siguientes: “Rotura espontánea de la malformación vascular que Walter Bulacio portaba en su encéfalo de origen congénito. El mecanismo de dicha ruptura provocó la hemorragia encefálica intra-parenquimatosa masiva que evolucionó hacia el edema cerebral, la hipoxia, la necrosis neuronal, coma y finalmente la muerte. La manera de la muerte corresponde a la llamada natural es decir a la producida por enfermedades o procesos patológicos, sin intervención de elementos extraños al organismo descartándose la participación de terceros.”
El informe médico resulta esclarecedor, categórico y exime cualquier tipo de comentarios. Resulta completamente inaudito, improcedente y temerario que los abogados de la familia Bulacio hayan requerido formalmente el procesamiento del Comisario Espósito por “torturas seguida de muerte”.

EL PAPEL DE LOS MEDIOS
Durante muchos años las noticias relacionadas con la investigación judicial de la muerte del menor tuvieron amplia cobertura en los medios de comunicación masiva de nuestro país. El bombardeo informativo instaló en el imaginario popular la idea de que Walter Bulacio fue una víctima inocente de los excesos y maltratos de integrantes de la Policía Federal. Después de permanecer internado en un centro asistencial agonizando varios días se produjo su trágico deceso supuestamente como resultado de las “torturas” y golpiza a las que fue sometido por los efectivos policiales.
La manipulación u ocultamiento de la información relevante sobre las causales del fallecimiento del adolescente generó una profunda transformación social en nuestro país a través de la organización popular de diversas manifestaciones y reclamos contra el sistema represivo estatal que fueron encabezadas por los familiares y numerosas personas ligadas a organizaciones sociales defensoras de los derechos humanos con el riesgo que conlleva aparejado este tipo de protestas sociales en los que suelen infiltrarse agitadores profesionales que operan subrepticiamente tratando de generar caos y violencia para alcanzar sus objetivos que suelen resultar diametralmente distintos al resto de las personas.
Es de esperar que la historia no se repita…

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