SOS, Unión Cívica Radical

PRIMERA PERSONA 20/11/2018 Por
Tal vez si nos hubiéramos animado a predecir el futuro de la UCR 4 o 5 años atrás nos hubieran tildado de apocalípticos o delirantes. Pues nadie o muy pocos hubieran imaginado que un partido político fundamental en la historia de la patria, con 130 años de vida, en tan poco tiempo se haya convertido en un sello de goma por su insignificancia en la actual política nacional.
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Muchos pensábamos que aquella candidatura de Lavagna del 2011 a la presidencia de la republica por la UCR se trataba de una contingencia especial pasajera de la que rápidamente se sobrepondría, pues era inimaginable que un partido político con verdaderos cuadros y estructura nacional, que ha dado 5 presidentes de la nación, de pronto no pueda ofrecer un candidato propio ni elaborar una plataforma de gobierno ajustada a los nuevos tiempos.
Pero evidentemente los yerros en política se pagan muy caro, pues hoy se trata de un partido político a la deriva, claudicante sin rumbo ni aspiraciones y con muy escasa credibilidad.
Hoy por hoy todos miran hacia Macri y Cristina como los protagonistas excluyentes de la política nacional, sin que la UCR califique para -por lo menos- pensar de su presencia en la grilla de largada para el año próximo, lo que de por sí nos indica la profunda crisis del mismo, o cuanto más, hasta su propia desaparición.
Y cuesta digerir que en dos elecciones nacionales consecutivas la UCR no tenga una fórmula propia a la presidencia de la República y con el agravante de que esa cuestión parece no importar mucho a la dirigencia nacional del partido, sino todo lo contrario propiciando y facilitando el avance y crecimiento de un nuevo partido político contrapuesto a su ideología como lo es el Pro, a expensa de su propia estructura nacional, es decir, su absoluta entrega a un proyecto político ubicado en las antípodas de su ideario y principios.
Esa realidad nacional, sin dudas, se extiende como una mancha de aceite en el agua para cubrir rápidamente todas, o casi todas las provincias argentinas, de la que Formosa no está exenta.
En efecto, a seis meses del comienzo del cronograma electoral del 2019 la UCR navega en un mar de incertidumbres sin un proyecto político ni estrategias para erigirse en alternativa de gobierno en la provincia, con el agravante de que quienes tienen la responsabilidad ética, moral y política de hacerlo por las funciones que cumplen, parecen sumidos en su propio juego a la espera de que el tiempo pase y apelar nuevamente a las consabidas improvisaciones con la sola finalidad de salvar algunos pequeños espacios que sólo interesa a ellos o a algunos amigos o parientes, mientras que el vitalicio gobernador se fortalece con un creciente autoritarismo y avasallamiento constante a principios básicos de convivencia en un sistema democrático.
De seguir así y sin que rápidamente no se verifique una reacción lógica de la UCR orgánicamente o nó, la historia se repetirá entre recurerentes quejas y lamentos ante un gobierno provincial más cercano al régimen feudal de la Edad Media que a las aspiraciones democráticas de la sociedad.

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