Don Aurelio llega a sus cien años y refuerza las estadísticas mundiales de longevidad

La Organización Mundial de la Salud estimó que la mitad de los chicos nacidos desde 2010 soplarán 100 velitas o más, ya en el siglo XXII. Aunque no es el caso de este ferrocarrilero paraguayo, nacido un 2 de diciembre de 1918, que construyó gran parte de su vida en Palo Santo, su naturaleza tiene mucho en común con los resultados obtenidos por la entidad internacional.
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1 / 3 - Don Aurelio Fleitas, hoy a pocas horas de llegar a los cien años de existencia.

Propietario de una memoria extraordinaria que desborda el orgullo de sus muchos parientes, y maestro del acordeón con el que animaba las viejas bailantas, alumbradas con lámparas a kerosene, don Aurelio Fleitas recibirá este domingo cientos de besos, igual cantidad de aplausos e interminables muestras de afecto, cuando arribe al único siglo de vida que el Creador le asignó, como a todos los mortales del planeta.
Eladia Acosta, esposa de uno de sus 37 nietos se encargó de historiar al hombre: “Nació en Roque González, Paraguay, un 2 de diciembre de 1918; con tan solo 18 años cruzo la frontera buscando nuevos rumbos, así vino a Formosa, afincándose en la zona de Ibarreta”. “Se dedicó a la cosecha de algodón; luego se trasladó a Palo Santo donde conoció a la que sería su esposa, Ramualda Fernández con quien formo una familia que a los pocos años debió compartir la mesa con doce hijos”, sorprendió.
Y sigue el relato: “Ingresó a trabajar en el Ferrocarril Belgrano, con el que recorrió El Cuatí y otros lugares, hasta que se inicia el tramo que unió Formosa con Embarcación”.
Pero como es la vida de hoy de don Aurelio: “Actualmente, con una memoria extraordinaria recuerda a sus compañeros de trabajo como el capataz Osorio, Fortu Martínez, Cantero, Candía, Pérez, Torres, Benítez y otros”, ayuda Eladia en un escrito enviado a este medio.
“Junto a su trabajo, también era un buen acordeonista, y en esa época recorría las fiestas cercanas, alegrando con su música las bailantes que se iluminaba con lámparas a kerosene”, contó.
Hoy en su centenario, le quedan 9 hijos vivos, pero los demás números familiares son extraordinarios: 37 nietos, 53 bisnietos y 2 tataranietos
“Sigue viviendo en Palo Santo, y el domingo nos reuniremos para festejar y dar gracias a Dios por tanta gracia recibida”, se vanagloria la mujer que no oculta el orgullo de los demás.

CADA VEZ MAS
En el mundo viven hoy 455.000 personas de 100 años o más, el equivalente de los habitantes de las provincias de San Luis o Catamarca. Puede parecer poco, si se comparan con los siete mil millones de personas que hay en el planeta. Pero desde una perspectiva histórica, la impresión cambia radicalmente: vivimos la generación más longeva de la historia. En ninguna otra época de la civilización humana pudieron tantos niños esperar vivir tantos años. En la primitiva edad de hierro y bronce, un niño recién nacido podía esperar vivir sólo unos dieciocho años por la terrible mortalidad de bebés y niños. Por supuesto esta cifra es una media, había personas que superaban esa edad. Pero, con todo, si usted hoy se siente mayor con sesenta años, puede pensar que alcanzar esta franja de edad en los tiempos antiguos era comparable a la rareza actual de centenarios. Sólo en tiempos de los romanos la esperanza de vida empezó a incrementarse.
El siglo XX, en cambio, fue excepcional. El aumento de la esperanza de vida que se produjo en se periodo (un 50%) es equivalente al que tuvo lugar desde la edad de hierro… ¡hasta el 1900! Fíjense como han cambiado las cosas: en 1900, las causas de muerte más importante en los países desarrollados eran: tuberculosis, neumonía, diarrea y otras enfermedades infecciosas. En la actualidad, la mayoría de ellas han dejado de ser un peligro. En 1900 el 75% de la población de EE.UU. moría antes de alcanzar los 75 años. Hoy en día la proporción se ha invertido.
¿Por qué ciertas personas alcanzan y hasta superan los 100 años y otras no? No hay una respuesta clara. Lo que sí se ha detectado es que los que sobreviven más tienen un estado de salud que en muchos puntos es similar a personas una década más jóvenes. Se ha comprobado que son resistentes al cáncer: no desarrollan esta enfermedad. “Una de las características de este colectivo es la llamada compresión de la morbilidad. Es decir, que viven con buena salud durante un tiempo largo y sólo se enferman hacia el final. De hecho, el porcentaje de los centenarios que enferman de cáncer es más bajo que el de los de setenta años. Y esquivan durante décadas la demencia y los problemas cardíacos”, explica Paola Sebastiani, del Journal of Health and Welfare Statistic, en la isla de Okinawa, Japón.
¿Es deseable vivir tanto? Hay que tener en cuenta que el aumento de la esperanza de vida siempre ha sido acompañado de los progresos sociales. Tras la caída de la URSS, durante una década hubo un caos en los antiguos países del pacto de Varsovia, y la esperanza de vida bajó. Hasta reaparecieron viejas enfermedades.
Podríamos con intervenciones médicas tal vez forzar la máquina para que los mayores lleguen a los 100, pero en malas condiciones. Tampoco se trata de suministrar medicamentos en exceso. Hay que ser prudente con los ancianos y los mayores. Si son felices y tienen vida próspera y productiva, bien. Pero aumentar la esperanza de vida no tiene que ser un fin en sí mismo.

Max Alfredo Berenfeld

Director.
Lic en Ciencias Sociales y Periodismo.
Integró 16 redacciones de medios gráficos de la ciudad de Formosa y de otros puntos de la Argentina, además de otras dos en Asunción, Paraguay.
Fue jefe de Redacción de los ultimos tres diarios en los que se desenvolvió.
Miembro de FOPEA.
Tiene 29 años de ejercicio de periodismo gráfico.
En la faz pública, se desempeñó como jefe de Prensa, del Superior Tribunal de Justicia de la provincia de Formosa, durante 12 años.

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