Entregado, Arrúa se queda sin dirigentes, mientras arrecian rumores sobre el uso de recursos públicos para su campaña

DESTACADOS 25 de mayo de 2019 Por
Hugo camina con muy poco combustible, tras un comienzo arrollador, respaldado con continuas salidas en los medios oficiales y oficialistas, y su rostro invadiendo la ciudad, en coloridas gigantografias y la más diversa folletería. Al momento de recoger opiniones, el uso, muchas veces desenfrenado de los recursos públicos, encuentra en el candidato a intendente Gildista a uno de los principales activistas de esta conducta, tan rechazada por la sociedad.
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A tres semanas de las elecciones provinciales, el tablero político comienza a acomodarse, mientras la población va sabiendo quien es quien dentro de la compleja maraña de candidaturas que impone la Ley de Lemas. En ese tránsito, Arrúa viene utilizando las amplias, cómodas y costosas instalaciones del salón Infinity como centro de sus nutridas convenciones políticas, aunque en las últimas semanas el lugar comenzó a quedarle muy grande. El esquema de reunión y traslado nunca fue un problema para él, mientras los observadores recurrentemente al área que administra para señalar el origen de los dineros con que se costea la empresa.
También a los comedores del Estado provincial y, hasta a funcionarios y empleados, a quienes recurre para la tarea, muchas veces con mirada amenazante. Y ya se sabe cómo es el formoseño, ante los aprietes.
En los últimos días, Hugo comenzó una intensa erosión de su estructura política, generada desde las listas de candidatos a concejales que lo apoyaban, molestos por el gigantesco auxilio a Marcelo Sosa, quien encabeza dos sublemas, pero es tildado como “demasiado impopular”.                                                                                    Entre los cabecillas de la media docena de sublemas que arrancaron el proceso apoyando el acceso de Hugo a la intendencia, existe un clima de bronca y frustración que no para de crecer, e incluso muchos ya hablan de desborde y de una fuga colectiva de dirigentes, que, hasta estarían trabajando para otros, sin apartarse formalmente del espacio. Una entendible vendetta, porque los recursos bajan desde las manos del administrador del IPS, quien decide el marco de prioridades atendiendo su propio proyecto, tan abarcativo que riega a comunicadores amigos y proveedores cercanos, tanto, que hasta se señala a algunos familiares; sigue hasta Sosa, donde el flujo se detiene bruscamente, a tal punto que muchos de los restantes sublemas ni siquiera la ven pasar. “Venimos trabajando duro en varios frentes, e incluso apelando a nuestros propios bolsillos, esperando el cumplimiento de sus promesas, pero ya no da para más”, describió una mujer, candidata a concejal de una de las listas del funcionario candidato, tan furiosa que accedió a dar algunos datos, para blanquear alguna cosa oscura que por lo general se reserva.
Otra mirada, que no deja de respaldar este mismo escenario, considera que el origen de todo tiene que ver con un pedido “de arriba” para que Huguito se limite a hacer la plancha, para dejarle todo el escenario oficialista a Ramiro Fernández Patri, el gran elegido del quinto piso. Este panorama disminuyó la transferencia de recursos, y, por supuesto, la energía y el compromiso del candidato que prometió una Formosa con autobuses.
Entregado a la falta de aceptación colectiva, y a los designios de la rigurosa estructura política del peronismo, Hugo intenta apurar los tiempos, pensando, quizás, en un nuevo sillón que reemplace al viejo y decaído que vino usando en todo este tiempo. Pero, mientras tanto, le quedan varias semanas para lidiar con las promesas incumplidas con los dirigentes que atrajo originariamente y una dura erosiona que, tal vez, mengue su continuidad al frente del IPS.

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