Advierten un despreciable derrame dinerario que enriquece a hijos del poder

LOCALES 03/05/2016 Por
Los negociados que involucran a familiares y empresarios amigos con funcionarios de la anterior administración nacional, tiene su correlato en Formosa. Comienzan a trascender operaciones idénticas, que afectan al erario público. Facturas millonarias por trabajos o servicios imposibles de constatar o de determinar la necesidad de la compra o prestación.
galpon decima
Este es el edificio identificado como propiedad de Decima, utilizado para guardar sus costosos autos.

Denuncias sobre transacciones con el Estado provincial que envuelven al ministro de Desarrollo Humano, José Luis Decima, y a un hijo, son ventilados desde que el medico administraba el Hospital de Alta Complejidad (HAC). De un corto tiempo a esta parte, la familia parece haber echado raíces, comercialmente, en el mundo de las impresiones gráficas. Lo hizo como una mera elección, en la búsqueda de venderle algo al Gobierno provincial, aprovechando el enorme espacio, las relaciones y la gravitante influencia que sin dudas ejerce el jefe de familia al lado del gobernador Insfran.
Habituado el periodismo local a encarar cualquier tarea de investigación con la venda oficial que baja de lo más alto de la Casa de Gobierno para todo lo que sea información pública, los trascendidos provenientes de fuentes muy cercanas a los actores involucrados o la suma de indicios, constituyen muchas veces un respaldo adecuado para exhibir lo que ocurre en el villorrio.
En la Tesorería pública, en poco menos de cinco meses un talonario de facturas registrado a nombre de una mujer identificada con el apellido Román, libró tantas hojas como sean necesarias para cobrar una suma apenas superior a los cinco millones de pesos.
“Se trata de la mujer de un odontólogo, propietaria de una conocida librería, ubicada del otro lado de la plaza San Martín”, reveló una empleada del área. Pero fue todo lo que se animó a decir.
Aunque parco, el dato fue suficiente para atar cabos, reunir antecedentes, y, sobre todo, preguntar en los ámbitos adecuados de que podría tratarse.
Con rapidez, la mujer fue identificada como parte de un meticuloso engranaje, encabezado por un hijo del ministro Decima, donde, además participa un hombre de apellido Vellido, que hasta no hace mucho manejaba la cosa administrativa del estacionero José Luis Baldus.
El hijo del funcionario es adicto a los automóviles de alta gama y muchas veces exhibió, individualmente, su millonaria flota por calles de la ciudad, haciendo la repetida ostentación que suele identificar a este tipo de personas, ante un generalizado y discreto rechazo de quienes pudieron reconocerlo.
“Bueno también tiene motos y vehículos del agua”, reconoció un maestranza del Hospital de Alta Complejidad. El mismo empleado, que para cobrar por su esfuerzo le factura como monotributista al establecimiento sanitario, amplió su aporte: “Muchas veces me iba los fines de semana para limpiar los autos, que eran guardados en los depósitos del hospital; el hijo del ministro era amo y señor del lugar, tenía la venia del padre así que no nos quedaba otro que cumplir con el pedido del viejo”, sintetizó.
Tras el ascenso de Decima, con el salto que supuso abandonar el HAC para convertirse en ministro, la flota del muchacho, entre los que figuran un Land Rover y un Mercedes Benz, entre, al menos siete vehículos más, surgió la necesidad de reemplazar el hangar.
No son pocas las personas consultadas por este medio que aseguran que la escuadra ahora descansa en un imponente edificio ubicado sobre Av. 9 de Julio; el mismo que había sido adquirido por un empresario del medio para destinarlo a la venta de mercaderías en general, al por mayor, y ahora se trasladó en la zona de la Cruz el Norte.
Quienes conocen al comerciante, no dejan de asegurar que el lugar le fue vendido a los Decima.
Ultimamente, al dúo que integran Decima y Vellido se le unió un joven de apellido Saavedra. “Yo tengo entendido que Saavedra recibe la plata de gente del gobierno para hacer préstamos, porque él se dedica a eso; si bien lo viene haciendo hace rato, ahora trabaja digamos en forma industrial”, sorprendió un empleado de la AFIP, consultado solo para saber si el organismo audita este tipo de facturaciones.
Ante tamaña dimensión de negociados y facturaciones, para proveedores ignotos en la materia, con estructuras de trabajo prácticamente inexistentes, demasiados indicios permiten dudar sobre la veracidad del intercambio comercial entre las partes que intervienen en el proceso.
Al igual que Lázaro Baez con su hijo Martín, al que el empresario arrastró por los caminos de la delincuencia, la conducta parece repetirse en Formosa, donde la cercanía al poder permite tomar atajos para alcanzar el éxito económico, sin contemplar que la manera de conseguirlo dejará precarizado para siempre el verdadero camino que debe transitar un hijo para alcanzar el objetivo.

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