De la PS5 Pro en Argentina a los delirios de la PS6: ¿hacia dónde va la nueva generación?

Author: Susana García | 1 days ago
De la PS5 Pro en Argentina a los delirios de la PS6: ¿hacia dónde va la nueva generación?

Hace unos meses, PlayStation tiró a nivel global la actualización de mitad de generación con la PS5 Pro. Al principio acá en el país solo la conseguías por revendedores que te arrancaban la cabeza o tenías que traerla de afuera, pero finalmente desembarcó de manera oficial. Ya se vende con garantía y, detalle no menor, con el enchufe nuestro. La gran pregunta que nos venimos haciendo es qué onda con esta consola, cuál es el salto real de calidad y si la posta vale la pena meterse en este gasto justo cuando los rumores de la PS6 ya empiezan a hacer ruido.

Las diferencias que importan: PS5 frente a la Pro

Para no enroscarnos con tecnicismos innecesarios, la onda de la Pro es inyectarle la potencia que le faltaba al hardware para que los juegos se vean en una resolución verdaderamente de nueva generación. Ahora sí la consola tiene nafta para correr los títulos en 4K y a 60 cuadros por segundo clavados, llegando en algunos casos hasta los 120. En la versión anterior, los juegos más pesados transpiraban para mantener esa resolución y te obligaban a sacrificar fluidez; terminabas jugando a 1080p para que no te pegue tirones. Obvio que esto depende del juego, algunos ya andaban bárbaro, pero el chiste de la Pro es estandarizar esta potencia.

Si miramos bajo el capó, la PS5 Slim maneja un chip gráfico AMD Radeon RDNA 2 de 10,28 Teraflops. La Pro pega el salto a un RDNA 3.5 con 16,7 Teraflops. Esto no se traduce solamente en fuerza bruta, sino que la máquina labura muchísimo mejor con el upscaling (estirar la resolución nativa hasta llegar al 4K) y con el Ray Tracing, esa tecnología que hoy le meten a todo para calcular cómo rebota la luz de forma realista.

En cuanto a procesador, ambas comparten el mismo CPU AMD Ryzen Zen 2 de 8 núcleos, aunque la Pro viene un toque overcleckeada a 3,8 GHz en vez de 3,5. Siguen los 16GB de memoria y el Tempest Audio 3D, pero la nueva versión trae memorias más veloces y le mandaron Wi-Fi 7 para que las descargas vuelen. El verdadero as bajo la manga es el PSSR (PlayStation Spectral Super Resolution), que vendría a ser la respuesta de Sony al DLSS que vemos en PC. Es tecnología de escalado pura y dura que hace crecer la calidad gráfica zarpado sin reventar los componentes. Teóricamente te permite jugar en 8K, como prometía la caja de la primera PS5, siempre y cuando tengas la guita para bancar una tele de esa resolución y le estés dando al Gran Turismo.

Un golazo de media cancha es el almacenamiento. La Pro viene de fábrica con un disco de 2TB, más del doble que la original. A nosotros el disco de la primera PS5 nos quedó corto a los dos días y tuvimos que clavarle un M.2 interno. Acá en Argentina, sumar ese tera extra te costaba entre 100.000 y 200.000 pesos de movida, así que este upgrade de espacio ya te justifica una buena parte del precio.

La sombra de la PS6: ¿una consola sin exclusivos?

Mientras recién le estamos sacando el plástico a la Pro, la industria ya está maquinando la PlayStation 6 y el panorama viene polémico. Los rumores más fuertes indican que la PS6 podría salir al mercado directamente sin títulos exclusivos que justifiquen semejante inversión inicial. Si hacemos memoria, cuando lanzaron la PS5 tampoco sobraba la oferta: teníamos el Astro’s Playroom, el Demon’s Souls y pará de contar. La jugada les salió redonda y la consola se vendió como pan caliente igual.

Es muy probable que Sony repita la estrategia en la próxima generación. El tema es que, si el soporte de juegos para la actual PS5 se corta demasiado rápido en uno o dos años, la bronca de la comunidad va a ser monumental. Y ojo, porque en este escenario de sequía de exclusivos, la mayor competencia de la PS6 terminaría siendo la propia PS5 Pro. Para 2027 seguramente ya tengamos anuncios oficiales que nos aclaren un poco este quilombo.

Los proyectos Orion, Canis y el problema de la "PS6 Lite"

Ya se filtraron hasta los nombres en clave. "Orion" es el proyecto para la PS6 de sobremesa y "Canis" apunta a una consola portátil, ambas pensadas para salir a fines de 2027 o principios de 2028. El youtuber especializado Moore’s Law Is Dead anduvo analizando la posibilidad de que saquen una "PS6 Lite" usando el chip Canis de la portátil, apoyándose a fondo en el upscaling para zafar en el televisor. Según sus cálculos, este modelo recortado podría llegar a costar unos 399 dólares.

En los foros de tecnología esto hace ruido. Los desarrolladores ya se están atajando y advierten que lanzar una versión mucho menos potente de entrada es un peligro. Tener que optimizar un mismo juego para tres plataformas distintas (Orion, Canis portátil y la Lite para TV) huele a dolor de cabeza y a compromisos gráficos inevitables. Es exactamente el mismo barro en el que se metió Microsoft con la Xbox Series S, generando un cuello de botella terrible para la producción de juegos en esta generación.

Hablemos de números, que es lo que más duele. Las filtraciones marcan que la PS6 podría rozar los 1000 euros. Una locura, pero viendo que las consolas actuales no paran de encarecerse y la demanda no afloja, el mercado parece tolerarlo. Y no esperen que el modelo portátil "Canis" sea ninguna ganga. Sabiendo que la futura Nintendo Switch 2 va a andar por los 500 euros y que la PlayStation Portal te la cobran 200 (siendo apenas un aparato para hacer streaming de tu consola), la portátil de PS6 fácil podría superar los 600 euros. Todo esto teniendo en cuenta que, a nivel de rendimiento bruto, Canis estaría incluso por debajo de la potencia de una PS5 estándar. El futuro del gaming se ve espectacular, pero va a venir saladito.