Chau al chip de plástico: la movida de la eSIM y el nuevo ajedrez de la ciberseguridad global
Arrancamos con una tecnología que viene a cambiar la dinámica a la que estábamos acostumbrados acá. Personal ya habilitó el servicio de eSIM en la Argentina, marcando el fin de la dependencia del clásico chip de plástico para levantar una línea telefónica o tener un plan de datos. Por ahora, la movida arranca con algunos equipos específicos de Apple —los iPhone XS, XS Max y XR— básicamente porque son los que se bancan esta dualidad entre el nanoSIM de toda la vida y el nuevo estándar virtual que propone la operadora de Telecom. Obviamente, a medida que entren más celulares compatibles al país, la empresa avisó que los va a ir sumando al catálogo para ampliar la base de usuarios.
La principal ventaja de la eSIM, un estándar que en realidad ya venía dando vueltas desde 2016, es pura comodidad logística. Ya no hace falta ir a cambiar un pedacito de plástico para saltar de una compañía a otra. Todo el trámite se resuelve escarbando un poco en el menú del teléfono o, directamente, escaneando un código QR con la cámara del equipo, que es justamente la ruta que armó Personal para sus clientes. Además de dejarte meter varios números en un mismo celular, el hecho de prescindir del formato físico es un golazo para integrar servicios de Internet de las Cosas (IoT). Es una tecnología que ya pisa fuerte no solo en los Pixel de Google o los Galaxy de Samsung, sino en smartwatches como el Apple Watch, el Huawei Watch 2 y los Gear S2/S3.
El salto hacia la infraestructura crítica Pero el impacto de la eSIM no se queda en ahorrarnos un viaje a la sucursal o espacio dentro del chasis del celular. Cuando empezás a conectar millones de dispositivos a la red mediante este sistema, la seguridad pasa a ser un tema de peso. Y acá es donde entra a jugar la plata grande a nivel internacional. Kigen, una firma tecnológica nacida en Cambridge, acaba de levantar 10 millones de libras esterlinas gracias al respaldo de Salica Investments. El objetivo de esta inyección de capital es pisar el acelerador en Estados Unidos y la Unión Europea, justo en un momento donde las empresas están desesperadas por blindar sus sistemas frente a las nuevas regulaciones y el avance innegable de la inteligencia artificial.
Hoy por hoy, la ciberseguridad se discute en la mesa chica de los directorios corporativos. Los dispositivos conectados dejaron de ser chiches de consumo masivo para meterse de lleno en operaciones críticas y en la infraestructura de las empresas. En Europa, por ejemplo, normativas como la Ley de Ciberresiliencia están apretando bastante las tuercas para exigir que los productos sean seguros desde su concepción, obligando a coordinar el reporte de vulnerabilidades y a garantizar el soporte durante toda la vida útil del equipo. En la otra punta, en Estados Unidos, la normativa NIST-2 levanta la vara en lo que respecta a gestión de riesgos, resiliencia operativa y control de las cadenas de suministro en sectores clave.
La visión del negocio y lo que se viene En este panorama tan complejo, lo que ofrece Kigen encaja perfecto para las organizaciones que necesitan demostrar una arquitectura de conectividad a prueba de balas. Trabajan con fabricantes de todo el mundo armando soluciones de gestión y eSIMs certificadas por la GSMA para entornos M2M e IoT, ofreciendo conexión directa a más de 200 redes terrestres y satelitales. La empresa, que opera de forma independiente desde 2020 tras separarse de Arm, viene empujando un modelo de negocio SaaS (Software as a Service) que le da a los clientes bastante cintura para manejar licencias y herramientas de gestión según lo que realmente usen.
Para Salica Investments, que debuta metiendo fichas en el “Silicon Fen” de Cambridge (uno de los polos de innovación más picantes de Europa), esta movida tiene mucho sentido. Usman Ali, socio de la firma inversora, la ve clara: Kigen es de esas empresas que marcan la cancha porque supieron armar una plataforma súper diferenciada donde se cruzan la conectividad y la ciberseguridad, algo vital para los fabricantes que hoy navegan a ciegas en un mar de regulaciones bastante pesadas.
Vincent Korstanje, el CEO de Kigen, también bajó línea sobre el tema, asegurando que esta inversión les da la espalda necesaria para moverse rápido. Las empresas están buscando formas prácticas y reales de preparar sus sistemas para las normativas que se vienen, sin volverse locas en el intento. Al final del día, la próxima vez que leas un QR para activar tu línea sin usar un plástico, tené en cuenta que detrás de esa pequeña comodidad diaria hay toda una industria global rearmando sus defensas para que la hiperconectividad sea un activo y no un dolor de cabeza.