Opciones dulces para llevar: del clásico argentino al pícnic perfecto
Cuando los días lindos empiezan a asomar, la mesa dulce pide pista para mudarse afuera. Ya sea en el balcón de un departamento, la terraza de casa o directamente sobre el pasto en algún parque, la clave pasa por elegir preparaciones ricas que resulten fáciles de transportar y de comer al aire libre. En este terreno de las salidas al sol, los budines, los muffins y los clásicos cuadrados dulces son siempre una apuesta segura. Sin embargo, en nuestro recetario local hay un ícono imbatible que se roba todo el protagonismo y nos remonta directo a los mejores años de la niñez.
La reina de la nostalgia
Es casi imposible hablar de festejos y reuniones informales sin nombrar a la chocotorta. Más allá de ser la protagonista indiscutida de los cumpleaños, se ganó un lugar enorme en la memoria colectiva porque, gracias a su simpleza, fue el primer postre que muchos pibes prepararon solos. La fórmula original lleva la firma de Maite Madragaña, una jefa creativa publicitaria que tuvo la brillante idea de unir dos productos que nunca fallan.
Para armarla en casa con la receta de su creadora, vas a necesitar muy pocos ingredientes: dos paquetes grandes de Chocolinas, un kilo de dulce de leche, medio kilo de queso crema y un poco de leche. El procedimiento no esconde ningún misterio. Primero tenés que mezclar el dulce de leche con el queso crema en un bol, batiendo hasta conseguir una pasta pareja de un tono marrón clarito. Después, buscás una fuente chata que te sirva de base.
El armado es pura intuición. Volcás un poco de leche en un recipiente y vas mojando las galletitas apenas unos segundos, lo justo y necesario para que no se te deshagan en las manos. Con esas galletitas húmedas cubrís el fondo de la fuente formando un primer piso. Arriba le untás una buena capa de la mezcla de dulce de leche. Repetís el proceso alternando galletitas y relleno hasta que agotes el paquete. Un detalle fundamental para el éxito: antes de servirla, la mandás a la heladera por lo menos una hora para que tome un buen golpe de frío y adquiera consistencia.
El horneado ideal para la tarde
Si la idea es prender el horno, ensuciarse un poco más las manos y llevar algo diferente en el tupper, unos brownies con cubierta de coco pueden ser la salvación definitiva del pícnic. Hablamos de una preparación de dificultad baja que se resuelve en 45 minutos de principio a fin, perfecta para acompañar el mate de la tarde. La receta rinde unas 24 porciones, aportando cada una 369 calorías, 35 gramos de carbohidratos, 4 de proteínas y 22 de grasas.
Arrancá precalentando el horno a 180 grados, o a 160 si usás la función de ventilador. Por un lado, derretís 300 gramos de manteca en una ollita y le integrás cacao en polvo. Por otro lado, agarrás la batidora eléctrica y batís unos huevos junto a 350 gramos de azúcar, una pizca de sal y pasta de vainilla durante unos diez minutos, hasta lograr una crema bien espumosa. A ese batido le sumás la manteca con cacao y, para cerrar la masa, tamizás harina por encima, integrando todo con movimientos suaves.
Volcás la preparación en una asadera profunda previamente enmantecada y la mandás al tercio inferior del horno por quince minutos. Mientras se cocina la base, te armás el topping. Llevás al fuego 100 gramos de manteca, un chorro de crema de leche, sirope, otra pizca de sal y 200 gramos de azúcar. Dejás que rompa hervor, lo mantenés a fuego medio unos cinco minutos y, fuera del fuego, le agregás coco rallado.
Para el tramo final, sacás la placa del horno y subís la temperatura a 200 grados, o 180 si es con ventilador. Distribuís la mezcla de coco con mucho cuidado sobre el brownie a medio hacer. Lo volvés a meter al calor por otros diez minutos hasta que la superficie quede dorada y tentadora. Una vez listo, lo dejás enfriar sobre una rejilla y lo cortás en cuadrados o rombos. Listo el menú, ya tenés la canasta dulce resuelta para disfrutar de un buen rato al aire libre.